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Red Internacional

Análisis. Elecciones en Italia: la coalición de derecha gana con una abstención récord ¿Qué esperar?

Concluido el recuento de los votos a primera hora de la tarde de este lunes, se confirman los pronósticos de éxito de la coalición de derecha, impulsada por el triunfo de Fratelli d’Italia, de la ultraderechista Giorgia Meloni que sería la nueva primera ministra. La abstención da un salto histórico al alcanzar el 36%.

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Lunes 26 de septiembre | 11:10
De izquierda a derecha: Matteo Salvini de la Liga, Silvio Berlusconi de Forza Italia y Giorgia Meloni de Hermanos de Italia, en un acto de cierre de campaña en Roma.

Los resultados finales de las elecciones italianas muestran que ganó la coalición de derecha, encabezada por la extremaderecha de Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia) encabezado por su candidata Giorgia Meloni. Pero un dato no menos es que otro de los ganadores es el abstencionismo con un porcentaje histórico del 36 %.
Una máxima de moda dice que "lo que sirve para ganar una eleccion no sirve para gobernar después". Por eso una de las preguntas clave es cómo se transformará el discurso reaccionario de la coalición ganadora con la nueva gestión de gobierno.

Resultados: gana la derecha... y el abstencionismo

El recuento de los votos en estas elecciones parlamentarias italianas finaliza a primera hora de la tarde de este lunes. Desde los primeros sondeos publicados anoche, cuando se cerraron las urnas, se confirman las encuestas publicadas en las últimas semanas de la campaña electoral: la coalición de derecha ha ganado con un amplio margen sobre el centro-izquierda, y Fratelli d’Italia, de la ultraderechista Giorgia Meloni, es el primer partido por consenso electoral.

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Así, si miramos los datos de la Cámara de Diputados (que ahora tiene el mismo cuerpo electoral que el Senado), la coalición ganadora se acerca al 44% de los votos, con los Fratelli d’Italia en el 26%, la derechista Liga de Mateo Salvini por debajo del 9%, Forza Italia del empresario y exprimer ministro Silvio Berlusconi justo por encima del 8% y los aliados menores de centro en casi el 1%.

La coalición de centro-izquierda, derrotada por casi 20 puntos porcentuales, recoge alrededor del 26% de los votos, con el Partito Democratico con el 19%, la lista de los Verdes-Izquierda con el 3,6%, +Europa con el 2,8%, e Impegno Civico (la lista de Luigi Di Maio) no supera el 0,6%.

El Movimiento 5 Estrellas confirmó su recuperación tras el desplome del verano pasado, recogiendo más del 15% de los votos.

El "centro" liberal de Calenda y Renzi recoge alrededor del 8% de los votos, confirmándose como el cuarto polo.

Le siguen las listas que no alcanzaron el 3% y no elegirán diputados: Italexit, Unione Popolare, Italia Sovrana y Popolare. Gracias a su concentración de votos en circunscripciones específicas, la lista siciliana de Cateno De Luca y la UDC de Tirol del Sur obtienen 1 y 2 diputados respectivamente.

La abstención, por su parte, pasa de poco más del 28% en 2018 al 36%, la cifra más alta de la historia de las elecciones parlamentarias en Italia. Incluso, la participación no superó el 60% en ninguna de las regiones del sur.

Esto es una confirmación de la gran desconexión entre los partidos "gobernantes", las instituciones y la masa de ciudadanos, especialmente entre los jóvenes (donde la tasa de abstención se acerca al 50%) y en el Sur.

La derecha en el gobierno: perspectivas y contradicciones de un discurso nacionalista reaccionario

La apuesta ganadora de Fratelli d’Italia fue reivindicar abiertamente un perfil católico-nacionalista en clara oposición al gobierno de Draghi, canalizando parte del descontento social. Esto confirma un repudio más que mayoritario de los partidos que se habían declarado partidarios de pleno derecho de la "agenda Draghi" -en primer lugar la lista liberal de Calenda y Renzi, pero también el centroizquierda, a pesar de la retorica de su "socio minoritario radical", Sinitra Italiana.

La victoria de la derecha representa, pues, a pesar de que la Liga y Forza Italia eran un componente clave de la mayoría del Gobierno de Draghi, el rechazo a la prolongación del papel de Mario Draghi como primer ministro.

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Las entusiastas declaraciones de Giorgia Meloni, Matteo Salvini y sus candidatos, por cierto, fueron el contrapunto a las declaración de Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión de la UE, que, con expresión autoritaria y ambigua, había dicho: "Veremos el resultado de la votación en Italia, también hubo elecciones en Suecia. Si las cosas van en una dirección difícil, tenemos instrumentos, como en Polonia y Hungría".
Se refería a las declaraciones, amenazas y sanciones a esos países con gobiernos "iliberales" que no votan según los "valores de Europa". Es una declaración realmente indicativa del tipo de actitud "democrática" con la que los liberales de "centro" europeos enfrentan a los derechistas nacionalistas

En un momento en el que la propia Unión Europea está atravesada por enfoques diferentes, cuando no conflictivos, de la situación geopolítica, la guerra de Ucrania y la relación más o menos subordinada a EE. UU. y la OTAN, el triunfo de un partido reaccionario de la oposición como Fratelli d’Italia es un factor de inestabilidad que devuelve un mínimo de esperanza al frente pro-Putin, como reconocen incluso los medios de comunicación rusos, que afirman que Italia podría convertirse en "una nueva espina en el costado de la Unión Europea".

Sin embargo, tal vez sea más razonable decir que la adhesión total al marco de la UE, la OTAN y la injerencia de Estados Unidos en la política italiana será la espina clavada de un gobierno dirigido por dos partidos, Fratelli d’Italia y Lega, que han hecho del discurso soberanista, antieuropeo y revisionista geopolítico su bandera durante años, frente al enfoque liberal proeuropeo de Forza Italia y sus aliados democristianos menores.

Está claro que una cosa son los mítines electorales y otra muy distinta los compromisos con una línea atlantista y antirrusa, que han sido la premisa del programa común del centro-derecha, y que generarán profundas crisis de gobierno si son cuestionados seriamente por Meloni y Salvini; no sólo eso: en cuanto a la economía nacional, el deseo de constituir una derecha "presentable", ni abiertamente fascista ni subversiva con respecto a la UE, la OTAN y las "potencias fuertes", obliga a Giorgia Meloni a enfrentarse a una deuda pública que ha superado el 150% del PIB, más de 2.600.000 millones de euros: no será fácil encontrar el dinero para nuevas políticas "expansivas" sin volver a recortar el gasto en infraestructuras y en el Estado del bienestar, sin volver a atacar a la clase trabajadora, como siguen exigiendo los industriales.

En los primeros días de esta semana se conocerá con precisión no sólo la composición de las Cámaras, sino también quiénes ocuparán los distintos cargos institucionales, empezando por el de Primer Ministro. La victoria de la derecha, que tiene mayoría pero no llega a los dos tercios de los escaños parlamentarios, complica tanto la posibilidad de cambiar la Constitución en una dirección autoritaria-presidencialista, como había hipotetizado Meloni, como la de formar gobierno sin contar con la mediación del resto del aparato estatal y la presión de la burocracia de la UE.

Lo que está claro es que las políticas del anterior gobierno de Draghi, y por tanto también del centro-izquierda, no han hecho más que favorecer el ascenso de la derecha, sin constituir ninguna alternativa apreciable en materia de derechos, condiciones de la clase trabajadora y de los pobres, represión, nacionalismo y militarismo.

No está claro, sin embargo, en cuál de los muchos frentes de posibles contrarreformas empezará a golpear la derecha, que corre el riesgo de hacer tambalear su ya minoritario consenso (¡dada la abstención!) en la sociedad y en las propias clases bajas que Giorgia Meloni querría abanderar, habiendo ganado con el voto de los católicos más intolerantes y reaccionarios, pero prometiendo no tocar el derecho al aborto; ¿y las políticas de "aterrizaje cero"? Crear un gobierno estable que dure cinco años será muy difícil, a pesar de esta clara victoria electoral.

A pesar de las declaraciones de "oposición intransigente" emitidas por Letta para el PD y por Conte para el M5S, está claro que la oposición social a este gobierno reaccionario y pro-padronal tendrá que construirse sin un respaldo y una referencia a los partidos parlamentarios, trabajando para superar la crisis vertical que las políticas de las viejas (y nuevas) corrientes reformistas han generado, llevando a su marginalidad social.

Una excelente respuesta, en este sentido, es la de los estudiantes del instituto Manzoni de Milán, que hoy han ocupado el centro para celebrar una asamblea plenaria y discutir la situación y qué políticas exigir en su lucha contra el nuevo gobierno.


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