Sociedad

LA PLATA

Encubrimiento de abusos: querellante del cura Lorenzo exige respuestas al arzobispo Fernández

A través de una carta abierta Julio Frutos, el primer denunciante penal del excapellán penitenciario, interpela a la máxima autoridad eclesiástica de La Plata por su manifiesta complicidad con el sacerdote.

Daniel Satur

@saturnetroc

Estefanía Velo

@Stefania_ev

Lunes 29 de julio | 14:35

Eduardo Lorenzo (izq.) junto al arzobispo platense Víctor Fernández (centro) | Foto Arzobispado de La Plata

Este lunes el primer denunciante del presbítero Eduardo Lorenzo (durante muchos años capellán del Servicio Penitenciario Bonaerense) publicó una carta abierta dirigida al arzobispo de La Plata, monseñor Víctor “Tucho” Fernández.

Se trata de Julio Frutos, padrino de León, el joven que denuncia haber sido sistemáticamente abusado y maltratado por Lorenzo en Gonnet en el año 2008 y cuya causa iniciada en aquel año fue archivada en pocos meses, sin realizar una investigación a fondo por parte de la fiscal Ana Medina, titular de la UFI 1 de La Plata. La misma suerte corrió el expediente canónico iniciado en 2008 en el Tribunal Interdiocesano Platense encabezado por el vicario José Luis Kaufman.

Como se sabe, a fines de marzo de este año Medina se vio obligada a reabrir la causa, luego de que el patrocinio de los querellantes quedara en manos del abogado Juan Pablo Gallego, de dilatada experiencia en casos de esta índole, donde a los abusos sobre niños, niñas y adolescentes debe sumarse el entramado de encubrimiento e impunidad orquestado desde las altas cumbres de la Iglesia.

Pasaron cosas

En su carta abierta, fechada este lunes 29 de julio (y que se reproduce completa abajo) Frutos le recuerda a Fernández que desde la última comunicación que intercambiaron, “hace unos pocos meses”, pasaron varias cosas alrededor del caso. Cosas que ameritan, según su opinión, una nueva valoración de algunos hechos y circunstancias.

Por caso, lo más importante es que desde el 21 de marzo la causa fue desarchivada por la fiscal Ana Medina y desde entonces en el expediente no paran de aparecer testimonios, indicios y pedidos de medida de prueba que complican aún más la situación de Lorenzo.

En ese sentido, Frutos afirma que desde que se desarchivó la causa “se han registrado novedades sustanciales en cuanto a la aparición de nuevas víctimas y se están evacuando pruebas documentales, testimoniales y periciales con suficiente entidad como para esclarecer los hechos ventilados”. Por eso, el querellante le escribe al arzobispo “a fin de rogarle quiera tener a bien contemplar la posibilidad de despejar algunas cuestiones que mucho ilustrarán a todos aquellos que seguimos con perplejidad y atención los hechos que diariamente se conocen”.

Julio Frutos y Adriana Lara durante la conferencia de prensa en la Cámara de Diputados bonaerense | Foto Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)
Julio Frutos y Adriana Lara durante la conferencia de prensa en la Cámara de Diputados bonaerense | Foto Nicolás Braicovich (Pulso Noticias)

Frutos detalla dos cuestiones que se vienen dando a partir de que el joven platense Julián Bartoli hiciera una conferencia de prensa el 16 de julio, relatando los abusos cometidos por Lorenzo contra él entre los años 1999 y 2001. Desde entonces el cura cambió su “estrategia” de defensa, activando una serie de “aprietes” a denunciantes y testigos y saliendo del silencio absoluto mantenido durante años, dando varias entrevistas a la prensa.

“Las declaraciones públicas de Lorenzo se encaminan básicamente en dos vectores muy sensibles”, grafica Frutos. “El primero en amedrentar a las víctimas a quienes reiteradamente amenaza de hacerles juicio por atentar contra su honor. El segundo es negar reiteradamente que se le haya hecho recomendación alguna de no estar a solas con menores y también desconocer que alguna vez haya sufrido reprensión canónica alguna”, enumera.

El denunciante ve con preocupación que “en una instancia tan primigenia de la investigación” como la actual, “el acusado no solo se dedique a llamar por teléfono a las víctimas para influenciarlas sino que no dude luego en acusarlas de mentirosas y amenazarlas con un juicio”. Eso, dice, “suena más propio de un personaje marginal que de un miembro del clero”.

Preguntas

Por eso Frutos se pregunta si “¿es acaso esta la forma recomendada de tratamiento a las víctimas en los últimos encuentros vaticanos sobre esta problemática?” y si “¿se puede esperar que luego de amenazadas las personas se sientan alentadas a denunciar, animadas a sanar en la verdad o por el contrario sentirán que son revictimizadas y perseguidas?”

Preguntas que el arzobispo debería responder sin medias tintas. Aunque como se vienen manejando desde hace décadas, el silencio intramuros puede volver a ser el que mande.

El padrino de León le recuerda a monseñor Fernández cuánto han cambiado las cosas en pocos meses, que al día de hoy Lorenzo ya acumula “una causa penal por abuso sexual agravado como la 25.601 en la Fiscalía nº1, una investigación canónica en el Tribunal Interdiocesano Platense y un sumario administrativo en la Dirección de Instrucción Sumarial del Ministerio de Justicia Bonaerense” (al que pertenece el Servicio Penitenciario del que Lorenzo fue capellán general hasta hace poco y del que sigue cobrando un jugoso sueldo mensual -sin hacer nada-).

Finalmente Frutos le hace una serie de preguntas a Fernández. Primero si realmente las sanciones internas que la curia le aplicó a Lorenzo, producto de la investigación canónica realizada por el Arzobispado en 2008, le fueron notificadas al cura (cosa que el propio Lorenzo niega) y “si esa sanción se encuentra firme”.

También le consulta “si el arzobispado a su cargo aprueba o reprueba la conducta amenazante del sacerdote denunciado para con sus víctimas reales o potenciales desde el asiento de su parroquia”.

Luego, si la jerarquía católica “continuará en su política de investigación de las causas canónicas por abuso sexual desde la perspectiva del acusado, privilegiando la fama y buen nombre de los denunciados” o si bien pasará a investigar “desde las perspectivas de las víctimas, privilegiando las pruebas periciales y atendiendo los alcances de los síndromes de Estocolmo y del secuestro emocional de las víctimas”.

Y por último “si cuenta la diócesis (de La Plata) con un plan de reparación de daños asociados al abuso y su alcance”.

Hace un par de semanas, el arzobispo Fernández fue entrevistado por este medio en las puertas de una parroquia de Tolosa. Allí dijo que como “siempre se ha criticado que curas juzgaban a curas” y que “entonces las normas actuales orientan a que se denuncie ante la Justicia”. Por eso, dijo Fernández, “como está ante la Justicia tenemos que estar atentos al avance de la investigación”.

A confesión de parte, relevo de pruebas. Fernández confiesa que “antes” los curas se juzgaban entre ellos, prescindiendo de llevar los casos de este tipo de delitos (graves) al Poder Judicial. En ese “antes”, huelga decirlo, se encuentra enmarcada toda la etapa previa del caso de Eduardo Lorenzo, hoy acusado de abusar, violar y maltratar a varios jóvenes a lo largo de décadas pero siempre “salvado” por el Arzobispado platense.

No se vislumbra en el horizonte cercano que monseñor Fernández vaya a conmoverse con la carta abierta de Julio Frutos. Mucho menos que vaya a dar respuestas satisfactorias a sus pedidos de respuestas.

La carta abierta







Comentarios

DEJAR COMENTARIO