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Red Internacional

La perseverancia de la lucha del neumático ha vuelto a poner nerviosa a las empresas automotrices, la Unión Industrial y el Gobierno. Una campaña mediática busca ocultar quiénes son los autoritarios. La furia patronal contra la huelga y los métodos obreros que desafían su dictadura en las fábricas.

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Domingo 25 de septiembre | 14:09

Salvaje fue la palabra elegida por “el gran diario argentino” para definir el paro que llevan adelante los obreros de todas las plantas del neumático. Es el mismo tono que usan los voceros de las empresas en sus comunicados y en los medios. “Autoritario”, “antidemocrático”, “violento”.

Salvaje significa, según el diccionario, “no civilizado”, “falto de educación y ajeno a las normas sociales”, “feroz”, “cruel”.

Buscan ensuciar el reclamo ante la “opinión pública”. Les molesta que peleen por sus derechos pero, sobre todo, los métodos con que lo hacen. Cada paro, cada piquete, es un desafío a su costumbre de imponer sus condiciones a quienes consideran poco más que sus “esclavos”.

En la misma operación, los grandes medios ocultan el autoritarismo y la violencia de esas patronales.

Por un lado, la que vimos en estos 140 días. Porque ningunearon la negociación colectiva, se burlaron del pedido de los obreros de que les devuelvan el pago al 200% por los fines de semana que le quitan a sus hijes, impidieron el ingreso de delegados, suspendieron, provocaron con supervisores y seguridad privada, lanzaron insultos racistas contra representantes del SUTNA, metieron policías en las plantas, quisieron que los trabajadores acepten una rebaja salarial del 60% para 2023. Ahora amenazan con el “cierre temporal”.

Pero también ocultan el autoritarismo y la violencia que mancha la historia de esas mismas empresas. El de Alberto Pirelli, fundador de la empresa y ministro del fascista Benito Mussolini, socio de Hitler en la segunda guerra. El de Firestone (hoy Bridgestone) que apoyó el primer golpe militar en la Argentina y le brindó dos ministros al General Uriburu. El de Madanes, que comenzó su fortuna en un pacto con el dictador Agustín Lanusse.

Lo hemos contado acá con más detalles.

En realidad lo que les molesta es que los trabajadores hayan desafiado una de sus conquistas neoliberales. El solo hecho de que cuestionen un punto del convenio flexibilizado, el pago de las horas del fin de semana, llenó de estupor a los gerentes. ¿Cómo se les ocurre no respetar las normas de la dictadura patronal, "salvajes"?

Pero también les molestó la forma en que lo hicieron. Las huelgas por fábrica y generales, los paros espontáneos ante las provocaciones, los piquetes en los portones o las movilizaciones en accesos, rutas o vías. ¿Y si es contagioso?

La huelga es dura, los salvajes son ellos.

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Entonces cuando uno escucha el llanto de los empresarios y sus periodistas amigos, su estupor, se le viene a la memoria un breve texto de Carlos Marx sobre “la furia verdaderamente demencial que les provocan las huelgas”. Vale volver a leerlo por su enorme actualidad.

“El capitalista – dice – se ha ganado en el mundo una buena fama como hombre excéntricamente apasionado de lo que llama la libertad de trabajo. Es tan fervoroso partidario de dar a sus obreros, sin distinción de edad o sexo, la libertad de trabajar para él todas horas del día, que ha rechazado siempre con la mayor indignación toda ley fabril que pueda coartar la libertad. La sola idea de que un sencillo trabajador pueda ser tan infame como para proponerse un fin más alto que el de enriquecer a su patrono y Señor, a su superior natural, le produce escalofríos. No quiere solamente que sus obreros sigan siendo míseros siervos, sobrecargados de trabajo y mal pagados, sino que quiere además, como todo esclavista, que sus trabajadores sean siervos que se arrastren a sus pies, sumisos, moralmente avasallados, religiosamente humildes y de alma contrita. De ahí la furia verdaderamente demencial que en él provocan las huelgas. Una huelga es para él una verdadera blasfemia, una revuelta de esclavos, la señal del diluvio universal social en castigo de sus pecados». (Las matanzas belgas, 1869).

La huelga les quita a los Madanes la "libertad" para dar órdenes, cambiar la velocidad de las máquinas, enriquecerse con el trabajo ajeno. En cambio a los obreros les da conciencia de sus propias fuerzas y libertad para desplegar su poder de fuego.

A los empresarios automotrices, del neumático, a los funcionarios nacionales y algunos burócratas sindicales, los ha puesto nerviosos la persistencia de estos trabajadores. No pensaban que iban a pelear 140 días. Y más. El promocionado “plan automotriz 2022-2030”, los jugosos favores a las automotrices “planeras” en medio del ajuste, la famosa “previsibilidad” que Sergio Massa le vendió a las multinacionales y el FMI, se choca con un problema: quienes hacen las cubiertas que hacen funcionar los autos y el negocio, bajaron los brazos dentro de las plantas. Pero los mantienen en alto afuera. Quedó claro quién es la clase productora y quiénes son los parásitos. Quienes pueden detener la rueda de una de las posiciones estratégicas del capitalismo regional como explicamos acá.

Entre su apasionado derecho por el trabajo (ajeno), por “la producción”, y el orgulloso derecho a la huelga, decide la fuerza.

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Hay que rechazar estas campañas contra la clase trabajadora y su derecho a luchar con sus métodos históricos. Estamos en semanas claves. Así como se forjó una alianza contra la huelga, hay que fortalecer la alianza de los obreros y su sindicato con otros sectores de trabajadoras y trabajadores ocupados y desocupados, estudiantes, el sindicalismo combativo y la izquierda. La participación amplia de toda la base del neumático, con asambleas y marchas masivas, es fundamental para poner en movimiento toda la fuerza y conquistar los reclamos.

Este lunes la marcha al Ministerio por la nueva audiencia es una importante parada.

Desde el PTS, el Movimiento de Agrupaciones Clasistas, la Red y La Izquierda Diario seguiremos acompañando la pelea como desde el primer día.


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