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LA PLATA

Julián Bartoli: “Eduardo Lorenzo abusó de mí a los 13 años, hoy quiero verlo preso”

Tiene 32 años y es el tercer denunciante del excapellán del Servicio Penitenciario Bonaerense en la causa por abusos sexuales ocurridos entre 1993 y 2008. Acaba de relatar su historia en conferencia de prensa.

Daniel Satur

@saturnetroc

Estefanía Velo

@Stefania_ev

Miércoles 17 de julio | 10:49

conferencia de prensa Julian Bartoli abuso causa Lorenzo - YouTube

Este martes, en la sede de la CTA de la ciudad de La Plata, un nuevo denunciante del cura Eduardo Lorenzo hizo pública su historia. Fue en una conferencia de prensa convocada junto a la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina.

El hombre, un empresario platense de 32 años, relató en detalle su traumática experiencia junto al sacerdote (hoy de 59 años) entre 1999 y 2001, cuando era un adolescente vinculado a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes de la calle 20 y 38 de la capital bonaerense.

Rodeado de sus padres, sus hermanas, amigos y otras víctimas de Lorenzo, Julián Bartoli enfrentó a las cámaras y micrófonos con entereza, aún pese a contar momentos muy difíciles de su pasado. También acompañaban al denunciante sobrevivientes de abuso de otros sacerdotes de la región, como Julieta Añazco y demás integrantes de la asociación Iglesia Sin Abusos.

Foto Enfoque Rojo
Foto Enfoque Rojo

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Además de denunciar los hechos ocurridos hace veinte años, Bartoli hizo público que durante las dos semanas previas a su declaración en la UFI 1 de La Plata (a cargo de la fiscal Ana Medina) el cura llamó a la casa de los padres de Julián, que la conversación fue grabada y está a disposición de Medina.

Y que el miércoles 3 de julio, un día antes que Julián declarara, el abogado de Lorenzo, Alfredo Gascón, volvió a llamar a la casa de los Bartoli, para proponerle a Julián una “reunión” antes de que testificara. Esa conversación también fue grabada.

Abusos, terror y secuelas

“El abuso del cura Lorenzo me persiguió hasta en el vínculo con mi hijo”, declaró Julián Darío Bartoli ante los medios. Y agregó que el abuso reiterado se produjo en el colegio Nuestra Señora de Lourdes “entre 1999 y 2001, cuando tenía 13 años y recién comenzaba mi adolescencia”.

“Durante los dos años de abuso, mi vida se tornó un calvario psicológico, en el que yo era sometido todos los días a diferentes tipos de maltrato causados, a veces, solo por cómo estaba vestido, o porque no había llegado a horario a la preparación de la misa, o me cortaba o no el pelo. En conclusión, cualquier cosa era válida para destruir mi autoestima”, recordó Bartoli.

Y agregó que “con los foros de seguridad del barrio (Lorenzo) se metió de lleno en la vida de la iglesia y la escuela, que usó como lugares para esconderse a plena luz del día detrás de su sotana. Tenía la imagen de un cura párroco que elegía a sus víctimas en esos lugares”.

Parroquia Nuestra Señora de Lourdes (38 y 20) | Foto Iglesia Sin Abusos
Parroquia Nuestra Señora de Lourdes (38 y 20) | Foto Iglesia Sin Abusos

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Julián afirmó que Lorenzo, tal como lo denunciaron otras víctimas, “tiene como modus operandi hacer fiestas en quintas que él mismo alquila. A la noche siempre hay alcohol, nunca hay mujeres y siempre hay varones mayores y menores de edad. Yo habiendo sido invitado a una fiesta, él me manda a llamar a su habitación privada, y cuando entro, estaba semidesnudo exhibiendo su pene acostado en su cama, ¿qué les parece que esto genera en la psiquis de un chico? Al día de hoy no puedo acordarme qué pasó y qué me hizo”, relató con los ojos vidriosos Bartoli.

Simil a lo relatado por León, el joven abusado en la casa parroquial de la iglesia Inmaculada Madre de Dios de Gonnet, entre 2007 y 2008.

El hombre recordó que hasta sus 24 años “todo esto se mantuvo escondido” dentro suyo, hasta que conoció a Marianela, su futura esposa y madre de sus dos hijos, a quien pudo contar lo vivido con Lorenzo. Sin embargo con el nacimiento de su primer hijo los fantasmas volvieron sobre Julián. “Los abusos de Lorenzo hicieron que los primeros años de vida (de su hijo) dudara que cuando lo bañara, durmiera con él, lo abrazara o diera besos no fuera a pasar que repitiera lo mismo que Lorenzo hizo conmigo”, narró.

Foto Nicolás Braicovich | Pulso
Foto Nicolás Braicovich | Pulso

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La decisión de denunciar

“En marzo de 2019, gracias al trabajo de muchos periodistas comprometidos con estos casos, pude leer la historia de León y fue ahí donde decidí sacarme la mochila, dejarla a un lado, darme vuelta y enfrentar el problema en serio”, explicó Julián en la conferencia de prensa.

Y agregó que el día que denunció se sacó “una mochila que venía llevando hace más de veinte años”. Después de dos décadas logró poner en palabras los abusos que sufrió de parte del cura Eduardo Lorenzo, quien hoy sigue impune a cargo de la parroquia de Gonnet y en contacto con adolescentes.

Además se dirigió a otras presuntas víctimas de Lorenzo: “A mí me hizo creer que era su amigo. Hoy le digo a todos esos chicos que se creen sus amigos, que no, que son víctimas”.

También les aconsejó que hablen porque es sanador, “yo les creo”. “Las víctimas no tenemos que tener miedo”, repitió varias veces durante la conferencia. Mientras que a Lorenzo le dijo: “Fuiste el peor monstruo. Hoy tu lugar es la cárcel”.

Bartoli se integró a la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Argentina, que ya lleva más de 68 curas y monjas denunciados en todo el país. Junto a Julián y su familia estaba Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red.

Foto Nicolás Braicovich | Pulso
Foto Nicolás Braicovich | Pulso

Como viene informando este medio, la causa que tiene como imputado a Eduardo Lorenzo por “abuso sexual agravado” es una verdadera caja de Pandora. Fue archivada en 2009 (casi sin investigar nada) por decisión de la misma fiscal que en marzo de este año la reabrió debido a la exigencia de los querellantes.

Apenas desarchivada desató un vendaval en el Arzobispado de La Plata, donde moran los encubridores directos de Lorenzo (el arzobispo emérito Héctor Aguer y el actual jefe de la diócesis Víctor Fernández).

Y por si fuera poco, en cuestión de meses la querella, con el patrocinio del abogado Juan Pablo Gallego, logró acercar nuevos testimonios que comprometen en demasía al cura y a muchos de sus sostenes eclesiásticos, políticos y judiciales. Esos que le permitieron abusar a diestra y siniestra durante décadas de niños y adolescentes sin pagar ningún costo.







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