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Red Internacional

Rocío Pared, de 11 años, murió el 9 de septiembre de 2017 luego de comer mandarinas en una quinta de Mburucuyá. El abogado de la familia reveló que las frutas tenían dosis sumamente letales de Carbofuran. Su familia sigue reclamando justicia.

Nancy MéndezLic. en Trabajo Social UBA | Redacción Zona Norte Gran Buenos @NancyMariele

Jueves 16 de septiembre | 08:36

Mirar la mandarina como alimento y no como una mercancía

Hace cuatro años, un 9 de septiembre de 2017 Roció y Damián su sobrino de 10 años pasaron por una finca ubicada en Pago de los Deseos, territorio de Mburucuyá. Un pueblo de 7 mil habitantes famoso en Corrientes por ser la tierra del chamamé.

A unos 900 metros de su casa los niños pasaron frente al portón de ingreso a un campo, donde los niños encontraron mandarinas en el suelo. Rocío recogió una mandarina, la ingirió y le convidó la mitad de la fruta a Damián, pero a los pocos minutos ambos se descompensan.

Casi instantáneamente Rocío comenzó a sentirse mareada, quedó casi paralizada y no pudo regresar a su casa, Damián regresó a pedir ayuda mareado, con fuertes dolores estomacales, agarrado a un palo que utilizó de bastón. Allí se encontró con su madre que le preguntó qué había pasado, El niño le dijo que habían simplemente comido una mandarina y que Rocío había quedado allá, tirada en el suelo.

La ambulancia no llegaba así que llamaron un remís que los llevó hasta el hospital, a siete kilómetros de Mburucuyá, el paraje rural en que se encontraban. Cuando llegaron, les hicieron primeros auxilios y por la gravedad los trasladaron a un hospital de mayor complejidad. En el traslado muere Rocío.

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Después de varios reclamos de la familia, se logró que se realicen los estudios a la fruta, los resultados confirmaron la sospecha de todos en el pueblo. La mandarina había sido rociada con un agrotóxico prohibido llamado, Carbofuran.
Un insecticida sistémico que es absorbido por las raíces de las plantas y distribuido por todos sus órganos que se suele utilizar contra las aves. Es de los más peligrosos para los seres humanos.

El abogado de la familia es el Doctor Pisarello, en aquella oportunidad declaró:

“En el estómago de la pobre Rocío habían alimentos citrícolas, de manera que la autopsia determina que la muerte de Rocío se produce por comer una mandarina y que esas mandarinas contenían Carbofuran. La autopsia nos demuestra, que este tipo de empresarios jóvenes y exitosos utilizan un sistema de producción antiguo y económico poniendo en riesgo la vida de los seres humanos como Rocío”, sostuvo el defensor.

La familia de Rocío, en el camino a la altura donde la niña mordió la mandarina.
Foto: Nacho Yuchark

La causa judicial que investiga la muerte de Rocío fue recaratulada: de “muerte por envenenamiento” a “homicidio culposo”. El único imputado es el capataz de la estancia del paraje El Pago, Faustino Mendoza, mientras que el empresario dueño de la finca Luis Brest fue convocado a declarar, como testigo de la causa.

Los Brest: fumigando infancias

La familia Brest se compone de una hermana y tres hermanos de alto perfil: Diego Francisco Brest, abogado y político actualmente presidente del Colegio de Abogados del departamento de Goya; Luis Ángel Brest, el más conocido por los parajes rurales, que figura como propietario de las quintas de Mburucuyá y un ingeniero agrónomo muy conocido en la provincia.

Ellos iniciaron sus negocios en la provincia de Corrientes hace aproximadamente unos 10 años, con una estación de servicio en Saladas, a 50 kilómetros de Mburucuyá. Así, fueron amasando su fortuna, y compraron tierras en éste y otros departamentos correntinos.

Los Brest son “una generación de nuevos empresarios con viejas mañas”, según la definición del abogado de Pisarrello, en referencia al uso de técnicas como la del Furadán en mandarinas como cebo para espantar aves.

La quinta de limones donde cayó la mandarina durante un traslado. Está al lado de la casa de los Pared, en el paraje rural de Mburucuyá, camino a la parroquia.
Foto: Nacho Yuchark

La muerte de Rocío no es un caso aislado

En abril de 2011, Nicolás Arevalo un niño de 4 años y su prima Celeste estaban jugando cerca de una chacra de tomates y hortalizas propiedad de Ricardo Prieto, ubicada en Puerto Viejo, ciudad correntina de Lavalle.

Se interrumpe su juego cuando pisan un charco contaminado con endosulfan, un insecticida altamente tóxico. Esto les provocó una intoxicación tan grave a los niños que Nicolas pierde su vida y Celeste pasó varios meses en terapia intensiva en el Hospital Garrahan.

La autopsia fue esencial para determinar que el endosulfán fue el causante principal de la falla hepática y el edema pulmonar del niño. La lucha por justicia por Nicolas fue acompañada por la Federación Campesina Guaraní de la Provincia de Corrientes (FEC AGUA), Guardianes del Iberá y otras organizaciones. Su fallo sentó jurisprudencia a nivel nacional: Ricardo Prieto, fue condenado a tres años de prisión de ejecución condicional.

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Un modelo destructivo que produce muerte

Evaristo, el papá de Rocío contó a los medios en reiteradas oportunidades que actualmente, Damián tiene problemas en la vista, que antes de este hecho no los tenía; y resaltó la importancia de que los medios de comunicación se hagan eco de esta denuncia:

“Se siente en el aire, los chicos no pueden estar, se tienen que meter adentro. Yo quiero que haya justicia por Rocío, porque nosotros perdimos una hija. Queremos que no sigan fumigando, queremos que se cierre esta quinta, No queremos más víctimas, Cuatro años que sucedió esto, Perdí familia. Nunca hay justicia, estamos peleando en eso. Yo quiero que haya justicia”.




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