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Karl Lagerfeld: más que el Kaiser de la moda, el Führer

El martes 19 de febrero amanecimos con la noticia de que Karl Lagerfeld, ícono de la moda por antonomasia, había fallecido, y con él, ha renacido una historia para contar.

Raquel Barbieri Vidal

Lingüista y Régisseur @RaquelaGabriela

Viernes 22 de febrero de 2019 | 12:07

El Kaiser de la moda fue un talentoso diseñador, fotógrafo, director creativo y empresario alemán que no sólo marcó tendencia, sino que su figura controvertida ha despertado amor y odio: Amor, por ejemplo, por su capacidad de recrear los modelos que dejara Coco Chanel, dotándolos de un nuevo vigor para relanzarlos al mundo y convertirlos en un “must” dentro del vestuario de la mujer burguesa de alto poder adquisitivo.

La diseñadora y modista Gabrielle Chanel, a.k.a. Coco, usó para dotar de peso a la caída de las telas, unas cadenas que no constituyen una mera ornamentación, sino que se convierten en un elemento fundamental para completar la forma de la prenda. Lagerfeld instituyó a la muerte de Coco, ese estilo también en las carteras que pasaron a portar en su diseño, la célebre cadena como marca de agua. Pero algo se perdió en el camino, algo fundamental: Coco Chanel había diseñado ropa sencilla, confortable y despojada de la incomodidad de los atuendos de la Belle Époque, justamente para que más mujeres pudieran acceder a tener un vestido elegante por poco dinero, como su típico vestido negro o el trajecito sastre de tweed; este último, inspiración que la creadora encontrara en el armario de su amante del momento, el Duque de Westminster.

Por decisiones desafortunadas de una mujer que provenía de un orfelinato, por ende, de una infancia dura y quien, llena de ambición y competitividad, no se sentía detenida por nada, se desenfocó de estas buenas intenciones que murieron cuando se convirtió en colaboracionista de la Gestapo y fue amante de un oficial alemán. Esta relación fue en detrimento de su carrera que empezó a ir en picada, pues lógicamente, su accionar fue mal visto por el público y bien aprovechado por sus competidores.

Recién en 1954 es que Coco Chanel logra hacer repuntar su Maison, aunque no en su Francia natal, donde el rencor había hecho mella, sino en Estados Unidos y el Reino Unido. Y su objetivo primigenio de vestir a la mujer de la calle, a la mujer trabajadora, quedará en el olvido para siempre. Ya endulzada con la notoriedad que le otorgaba su relación con las clases acomodadas, Chanel tuvo como pareja—entre otros—a Dmitri Pávlovich Románov, un duque ruso de la Casa Holstein-Gottorp-Románov, y participante en el asesinato de Rasputin.

Poco después de la Revolución de febrero de 1917, Barátov tuvo que pedirle a Dmitri salir de Rusia y establecerse en el Reino Unido, por no poder garantizar su seguridad, bajo la promesa de que se convertiría en el nuevo Zar de Rusia.

A pesar de ser el único Románov al que se le permitía vivir en Inglaterra, el gran duque se trasladó a París dos años después. En la capital francesa, su hermana (divorciada de Guillermo de Suecia), al igual que muchos aristócratas rusos exiliados, tuvo que trabajar en una empresa dedicada al bordado de cuentas y lentejuelas para Chanel, mientras que él se dedicó a la venta de champagne.

Volviendo a Karl Lagerfeld, quien reflotara una leyenda a punto de marchitarse, la Maison Chanel, llevó todo al extremo del sueño capitalista, siendo sus diseños inaccesibles para la mujer a la que otrora aspirara Chanel como portadora de sus vestidos. Entonces, el amor por Lagerfeld no puede sino estar a la misma altura que el odio, puesto que, en cuanto a la figura femenina, el Kaiser devino Führer…

En más de una ocasión, el diseñador de Chanel y Fendi rechazó que las mujeres “curvy” incursionaran en el mundo de la moda. El hábil empresario y talentoso diseñador que levantara de las cenizas del olvido a la casa Chanel—que iba directo al derrumbe, sólo vendiendo perfumes y al punto de su quiebra—ha sido un despiadado crítico del cuerpo femenino. Sólo veía belleza en la mujer de extrema delgadez, alta y sin curvas; las demás, según Lagerfeld, no deberían jamás mostrar ropa de su autoría porque sencillamente, la arruinarían.

El estereotipo de belleza femenina que existía dentro de los parámetros de Lagerfeld no sólo le pertenece a él; sin embargo, al ser un referente mundial de la moda y, dependiendo de su decisión quién subía a la pasarela o no, quién salía en las revistas de renombre o no, el Führer de la moda ha influido en la vida no sólo de las modelos sino de las mujeres que leen revistas de moda y que desean llevar puestas sus creaciones.

A unas pocas ha podido satisfacer; a la mayoría, sólo frustrar.
Así es que—dándose cuenta o no—el Kaiser llevó directa o indirectamente a muchas mujeres a convertirse en anoréxicas para alcanzar el objetivo ideal de la belleza perfecta por él impuesta. ¿No es acaso esto contribuir al detrimento de una persona, más que iluminar?

En una ocasión, él lo negó, argumentando que sólo el uno por ciento de las modelos padece de anorexia, cuando se sabe que no es así.
“Nadie quiere ver mujeres curvilíneas en la pasarela”, aseguró el modisto alemán en el sitio de la revista Focus en 2009.

En más de una ocasión, el diseñador de Chanel y Fendi rechazó que las mujeres curvilíneas incursionaran en mundo de la moda en general y de las pasarelas, específicamente.

Fue sin duda un icono de la moda contemporánea; sin embargo, su carrera profesional estuvo marcada por la excentricidad que lo caracterizaba y por comentarios ofensivos hacia las mujeres con curvas, a quienes no soportaba que participaran en el mundo de la moda.

De acuerdo con la versión electrónica del canal español Telecinco, Karl Lagerfeld dejó muy clara su postura ante este debate estético, defendiendo a las modelos delgadas y señalando que las curvas no tienen espacio en el mundo de la moda. En tanto, criticó a quienes creen que la moda fomenta la anorexia entre las mujeres jóvenes, cuando él mismo “alimentó” la distorsión de la percepción de un cuerpo “normal”.

En alguna ocasión señaló que las mujeres de más de cuarenta y dos kilos eran antiestéticas. Es más, el Kaiser de la moda confesó abiertamente en varias ocasiones que tenía “obesofobia”, y esa declaración quedó plasmada en su libro titulado “The World According to Karl” (El mundo según Karl), en donde aseveró que ninguna persona quiere ver mujeres de talla grande en las pasarelas. Además, aseguró que nadie quiere tener unos kilos de más, y que muchos tienen “madres gordas sentadas frente la televisión con sus paquetes de papas fritas, diciendo que las modelos delgadas son feas”.

La obsesión de Karl

Esa obsesión de Karl Lagerfeld no venía de la nada, aunque nos quedemos llenos de interrogantes. Cuando él tenía la edad de 71 años, fue sometido a un riguroso programa de adelgazamiento, y perdió entre 42 y 47 kilos en trece meses.
Esa “obesofobia” que él mismo confesaba padecer tenía su origen en los noventas, cuando acarreando varios kilos de más, y de acuerdo con sus declaraciones al respecto, dijo que él fue gordo porque la moda de ese momento le aburría, pero cuando el diseñador Heidi Slimane lanzó sus nuevos diseños para Dior Homme, la vida de Karl dio un giro inesperado y decidió cambiar su imagen.

Luego de esa dieta estricta, para el año 2000 mostró al mundo su nueva imagen en donde lucía completamente diferente y esa imagen de figurín duró hasta el día de su muerte, donde no sólo su silueta se veía magra y esbelta, sino que su rostro había pasado por sendos tratamientos de rejuvenecimiento, tales como el estiramiento (lifting), el relleno de labios con ácido hialurónico, Botox y el colágeno.
Era evidente que, en su mente, ni los quilos de más ni los signos del envejecimiento tenían lugar.

Este estricto régimen alimenticio creado especialmente para el diseñador alemán fue obra del doctor Jean-Claude Houdret, y fue tal su éxito que luego se convirtió en un libro llamado “The Karl Lagerfeld Diet”.

Todo lo que tocó Lagerfeld pasada su juventud, tuvo como objetivo no sólo un mensaje estético sino la venta de un producto a la sociedad de consumo, que como ya sabemos, es vulnerable y receptiva a la hora de “querer pertenecer”.

Volviendo al impacto que sus palabras tenían no solamente en las modelos de pasarela sino en las adolescentes que siguen con pasión el mundo de la moda, varias jóvenes tenían que dejar de comer para poder portar sus diseños, de acuerdo con las medidas, con los patrones estrictos e “ideales” para Karl Lagerfeld, lo cual consideraba, que eran parte de un sacrificio que ameritaba hacerse en pro del mundo de la moda y que muchas modelos estuvieron dispuestas a llevar a cabo.

La polémica generó que Asociaciones hicieran público su descontento por las declaraciones del diseñador, pues consideraron ofensivo que hiciera comentarios despectivos, y que, incluso en la industria de la moda, no permitiera que las modelos tuvieran algunos kilos de más. Los patrones de los talles comenzaron a achicarse y él llegó a decir que el extremo aceptable era el talle de pantalón 36.

Además, estas asociaciones lamentaron que muchas niñas que lo escucharon en ese momento se sintieran inseguras por no lucir una figura delgada, afectando negativamente su autoestima que a su vez llevó a la depresión de muchas y a los trastornos de la alimentación que son más frecuentes de lo que el diseñador y empresario aceptara.

Para hacer las cosas aún peores, Lagerfeld logró un ataque de furia internacional el 9 de febrero de 2012, cuando dijo que la cantante Adele era “Bastante gorda”. Estos dichos causaron más que descontento, una reacción negativa generalizada en el Reino Unido, por lo que Lagerfeld tuvo que salir a disculparse, pero la cantante le respondió que ella es como casi todas las mujeres y que está orgullosa de serlo. No se dejó humillar ni amilanar por los dichos desafortunados de alguien que respondía más a una obsesión personal, que a la realidad circundante.

En 2010 se arrepintió públicamente de haber diseñado una colección para la firma H&M, cuando la marca decidió aumentar las tallas para ampliar su colección a todo tipo de cuerpo de las compradoras.

El dinosaurio de la moda y las pieles

Como si esto fuera poco, Lagerfeld ha sido siempre un defensor del uso de pieles naturales en la moda, cuando él mismo no las usaba y raramente comía carne. De hecho, su marca italiana Fendi es una de las más célebres casas de moda en donde el cuero y las pieles son la materia prima principal.

En una entrevista para la BBC en 2009, Lagerfeld declaró que los cazadores “se ganaban la vida, no habiendo aprendido otro oficio más que el de cazar a esas bestias que de no matarlas, nos matarían a nosotros, de poder hacerlo”, y sostuvo: “- En un mundo carnívoro, usar cueros para zapatos, ropa y cartera, la discusión de la piel animal es infantil”.

Fue entonces cuando los voceros de PETA llamaron a Lagerfeld “Un dinosaurio de la moda que está fuera de moda” y “en particular, dueño de una mente delirante en cuanto a quienes debe matarse y quiénes deben matar. ¿Cuándo ha sido la última vez que la vida de un ser humano ha sido amenazada por un visón o un conejo?”
De hecho, en 1993, él ya había causado que la editora en jefe de VOGUE de Estados Unidos, Anna Wintour, se retirara del desfile de la Semana de la Moda en Milán, cuando usó strippers y a la actriz porno Moana Pozzi para modelar su colección en blanco y negro de Fendi.

Yendo a la mañana de la noticia de la muerte de Karl Lagerfeld, sorpresivamente me encontré con puros lamentos, como si hubiese fallecido un benefactor, alguien imprescindible para hacer de este mundo un lugar mejor. Contrariamente y sin olvidar sus talentos como artista y empresario, se me hace deber hacer un recordatorio más realista de su pasaje por esta vida, y relacionarlo inevitablemente, con la era de la defensa de la negación de la figura natural de la mujer.

Perlita: El Kaiser de la moda ha dejado toda su fortuna en herencia a su gato.







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