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Red Internacional

Hace algunos meses publicamos una nota en este dossier titulada: "El que ajusta y justifica tiene (otro) sapo en la barriga", donde polemizamos con el Frente Patria Grande después de dos años de haberse integrado al Frente de Todos, con la excusa de "transformar las cosas desde adentro". Después de la bochornosa actuación de está fuerza durante el cierre del nuevo acuerdo con el FMI, queremos continuar este debate.

Nicolás MansillaEstudiante Sociología UBA @NicxMvnsi

Viernes 25 de marzo | 23:15
@alcaldejulianj

El Frente Patria Grande no para de superarse. En sus declaraciones y discursos escuchamos una voz que aparenta ser “crítica” del acuerdo y del fondo, cuando en realidad lo que encontramos en su actuación es un“apoyo crítico”, como lo definió Fernando Rosso. En esta nota queremos discutir el rol cómplice que tuvieron en esta entrega del país al Imperialismo. Lejos quedó su autodenominación como una corriente de la “izquierda popular”.

La abstención de Itai Hagman y el apoyo crítico

El Frente Patria Grande cuenta con 3 diputados nacionales dentro del bloque del FdT. Durante la votación del acuerdo con el FMI, Itaí Hagman (uno de esos diputados) habló durante su exposición sobre la incompatibilidad del acuerdo con la mejora de la calidad de vida de la población, y de una derecha y un FMI que se lamentan no estar votando reformas estructurales que arrasen con los derechos laborales en la Argentina, pero que quieren ir en esa dirección. Por estos motivos, planteó que él y su frente no acompañarían el acuerdo.

Pero no hay una relación entre lo que dicen y lo que hacen, y por eso queremos graficar de qué hablamos cuando nos referimos a un “apoyo crítico”. Mientras la denuncia al acuerdo solo se mantiene en un plano discursivo, a la vez se juega un rol para que el mismo pueda concretarse.

Un hecho poco conocido y nada difundido, es que Itaí Hagman podría haber detenido el tratamiento del acuerdo con el FMI, literalmente. Para que el mismo avance en la cámara de diputados, primero debía obtener dictamen en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, donde Hagman participaba, y donde era necesario su voto para lograr ese dictamen. Pero, en lugar de oponerse, cedió su lugar en la comisión a Ramiro Gutiérrez, diputado cercano a Massa, para que el acuerdo pueda avanzar sin pagar el costo político del mismo. Una muestra clara de la inconsistencia del relato de una supuesta “oposición” al acuerdo.

Para colmo, al momento de votar Hagman se abstuvo. Ante la pregunta de qué posición iba a tomar ante un acuerdo que permite que el Fondo venga cada tres meses a revisar si la política argentina va bien encaminada (para el capital financiero), dejó la decisión sobre el futuro del país en manos del conjunto de su bloque y el macrismo, sabiendo que iba a aprobarse. Muy lejos del mito de la “pelea desde adentro” en la cual no parecen estar poniendo mucho empeño.

En su intervención intentó justificar su accionar: “Quiero explicar con todo respeto mis razones. Creo que este acuerdo es el resultado de una estrategia de negociación limitada dentro de las reglas del Fondo, seguramente por la convicción de que no había un camino alternativo".

Por un lado, habla de una negociación "limitada", sin explicar en ningún momento cuál hubiese sido y como se hubiese conquistado una mejor negociación, o donde ha existido algo como eso. Hagman no habla tampoco de ningún “camino alternativo”, ni de cómo podríamos lograrlo.

¿Existe la posibilidad de que un pacto de sometimiento al imperialismo sea negociado en mejores términos? La realidad demuestra que no. ¿En qué circunstancia el préstamo más importante de la historia del Fondo no implicaría las reformas estructurales y el ajuste que antes denunció? Solamente en el caso donde no exista o se desconozca dicha estafa.

Itai Hagman evita hablar de cual sería aquel camino alternativo porque implicaría exponer que el proyecto que él defiende, no tiene una respuesta al problema de la deuda externa salvo seguir pagando la a costa del hambre del pueblo. El peronismo, al cual está integrado, forma parte como protagonista del esquema de pagos y endeudamientos que nos tienen atrapados en ésta espiral desde 1976. Cuestionar las “reglas del organismo” es cuestionar al organismo en sí y su rol geopolítico. Ésto no está en las perspectivas del Frente de Todos, así como no lo estuvo bajo ninguno de los gobiernos peronistas, orgullosos "pagadores seriales" como dijo Cristina.

Por el otro punto que toca en su intervención, también hay que plantear que esa idea de que "no hay alternativa" es en realidad el mantra de todas las fuerzas políticas tradicionales de la Argentina. La única alternativa termina siendo cumplir con las exigencias de los de arriba e intentar convencer a los de abajo que tienen que “hacer un esfuerzo”.

Otro de los ejes mencionado por el diputado fue el llamado de, apesar de todo, mantener la unidad del FdT, que en su enorme mayoría, votó a favor: "Estoy seguro que todos los integrantes del FdT lo hacen con las mismas convicciones que tenemos quienes no vamos a acompañar este proyecto. Y que tenemos diferencias, pero son infinitamente menores que las que tenemos con quienes generaron este problema”. Así, aún intenta convencernos de que el FdT cierra el acuerdo con una buena intención

Por último, dice: “Estoy seguro que vamos a estar junto a todos nuestros compañeros de bloque y nuestro gobierno luchando contra las presiones del FMI y de la oposición que nos van a querer llevar por ese camino, y estoy seguro que en esas peleas que se van a venir va a haber absoluta unanimidad".

Aquí encontramos dos operaciones: primero, la del "mal menor": a pesar de que habría diferencias en el frente, peor sería que gobierne la oposición de derecha (que desde ya es en gran medida responsable del ajuste, y pide abiertamente profundizarlo). En ese marco, el Frente de Todos “no sería tan malo” y por eso habría que mantenerlo.

Y segundo, la de embellecer completamente a un gobierno que viene de ser derrotado hace 6 meses en las elecciones por profundizar el ajuste que había iniciado la derecha. Fueron dos años de preparación para este acuerdo que lo pagaron les trabajadores. Esas no fueron las “presiones de la derecha”, que había sido derrotada en 2019, sino una decisión política consciente de optar, en un escenario de crisis, por atacar a las mayorías.

La estafa ¿macrista?

Otros diputados de ese espacio dieron un voto negativo.La diputada Zaracho hizo una intervención donde criticó de forma muy dura la terrible situación y la estafa del macrismo. Pero tuvo un gran problema: todo el discurso fue completamente anacrónico. Hubiese estado bien si se pronunciaba entre el 2015 y el 2019. Pero hace dos años que ya no es Macri el que gobierna.

La diputada planteó: “Los sectores populares ya sufrimos la crisis del macrismo y le pusimos el cuerpo a los peores momentos de la pandemia. No voy a acompañar este acuerdo que implica el sufrimiento de nuestro pueblo”.

Incluso después de hacer está denuncia, llegó a decir: “Pero sí, señor presidente, cuenta conmigo para seguir defendiendo los intereses de nuestro pueblo“. Alguien debería explicar cómo es posible seguir defendiendo algo que nunca se empezó a defender.

Como dijimos antes, los sufrimientos fueron decisiones políticas, como el ajuste a los jubilados de enero de 2020 (previo a la pandemia), o los presupuestos de ajuste, que fueron incluso apoyados por Patria Grande en su momento. Lavándole la cara al gobierno, lo ubica como una víctima de la coyuntura, mientras le deja vía libre a la oposición de derecha para avanzar

El objetivo del discurso es claro: quitarle la responsabilidad al gobierno, frente a su base que le viene pasando factura. Pero desde que el acuerdo se aprobó, esta ya no es la estafa macrista, es la estafa del FdT.

El voto negativo de un sector de esta fuerza sólo puede entenderse en el marco de una gran crisis política del oficialismo que se manifiesta tanto en las alturas como en su base social. Se demostró en las elecciones. Solo así es posible entender cómo un gobierno que asumió con amplia mayoría y legitimidad, sufrió una enorme sangría de votos y permitió que se recuperara la derecha que había hundido el país.

Hasta el 2023 ¿hay que esperar?

Después de la votación en diputados, se publicó una declaración firmada por Grabois, donde explican su posición. Un elemento común que tiene con las intervenciones de los diputados es el llamado a la unidad de la coalición: el no acompañamiento al acuerdo no implica dejar de acompañar al gobierno. Grabois dice: "Las duras contradicciones entre nosotros no pueden derivar en rupturas". La alternativa, aunque diga tener duras contradicciones con el FdT, no es una ruptura.

Y dice: “Nuestra obligación es que éste sea el mejor gobierno posible. En última instancia y a su debido tiempo, serán las primarias el mecanismo para dirimir de cara al pueblo el rumbo de la coalición”. En resumen, ¿cuál es la propuesta del FPG ante sus “duras contradicciones” con el FdT? Sostener al gobierno aunque digan estar en contra de lo que hace y esperar a las primarias del 2023, para dentro de dos años. Así, clarito.

Nos parece válido preguntarle, ante está situación alarmante que vivimos y que el propio FPG denuncia, ¿cuánto más tiene que sufrir la clase trabajadora y los sectores populares para que los dirigentes del “progresismo” se decidan de una buena vez a defender a las mayorías y no a su gobierno? ¿Cuánto tiene que aumentar la pobreza, la desocupación, la miseria, cuántos Guernicas tiene que haber?

Abandonar la calle, ser funcional a la derecha

En la nota que nombramos al principio, decíamos: “Por eso les decimos a quienes en su momento apoyaron este gobierno y la integración del FPG en el mismo, que la experiencia ha demostrado que esa no es una alternativa a la decadencia que implica seguir atados al FMI. Que de cara a las peleas que se vienen se puede estar de dos lados: del gobierno y del Estado, o del lado de les trabajadores y los sectores populares”.

La realidad es que nunca confiamos en los dirigentes de este espacio, y no creemos que “están a tiempo de recapacitar”. Desde que existe Patria Grande discutimos que su estrategia tarde o temprano iba a llevarlos a esta situación. Pero ese llamado que haciamos, a quienes honestamente confiaron en este proyecto y hoy están defraudados, tiene más actualidad que nunca. La clase trabajadora y los sectores populares no pueden seguir esperando. La pelea contra el FMI, recién empieza y tenemos que fortalecer. Pero veamos qué relación hay entre lo que el Frente Patria Grande dice y lo que hace. Grabois escribe en la declaración: “No nos comamos el cuento de que la lucha justa de los de abajo es funcional a la derecha. Lo que sí es funcional es que el pueblo sienta en el corazón y en el bolsillo que sus dirigentes se adaptan y no los defienden”. Por un lado, llama a sostener al Frente de Todos, y por otro aparenta reivindicar la lucha, inclusive contra el gobierno actual. Lamentablemente, los dichos no se condicen con los hechos.

Ya hemos desarrollado en otros artículos el rol cómplice y desmovilizador que han tenido los últimos años. Primero, luego de la derrota de la reforma previsional macrista en las calles en diciembre de 2017, con la consigna "hay 2019", después de la cual abandonaron toda lucha apostando al recambio electoral. Y después, durante el propio gobierno del FDT. Cabría preguntarse, tras esta declaración, qué rol ha jugado el FPG fuera del Congreso previo a la votación, para expresar su rechazo a la “estafa macrista”.

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Sin embargo, no creemos que nadie se sorprenda de que, mientras el Frente de Izquierda Unidad junto a más de 200 organizaciones se movilizaron en forma masiva el día de la votación, Patria Grande volvió a pegar el faltazo.

Ya lo hemos dicho, pero el FPG dirige importantes federaciones universitarias, como la de La Plata, numerosos centros de estudiantes, como Filosofía y Letras en la UBA, y tienen un peso considerable en sindicatos de estatales y de la educación, además de sectores importantes de los movimientos sociales (como la UTEP). No pusieron un pie en la calle, ni siquiera para “tratar de cambiar las cosas desde adentro”, presionando al gobierno, mostrando el rechazo masivo que el ajuste genera en la población.

Como dijimos, es un apoyo crítico. Abstenerse o votar en contra cuando saben que la aprobación del acuerdo está garantizado, y no enfrentarlo en las calles, buscando que tenga el menor costo político para ellos, en un juego de internas en el FdT.

Grabois para ocultar las peleas que ya se vienen dando contra el peronismo, llega al colmo de decir: “Entregamos por dos monedas nuestros bienes comunes, sin valor agregado, destruyendo la naturaleza, quemando los humedales, envenenando el suelo con glifosato. Eso no nos conmueve ni nos moviliza lo suficiente”.

Pero podría hablar por él y dejarnos fuera del plural “no nos conmueve ni nos moviliza”. Más bien, nos movilizamos a pesar de las burocracias sindicales, estudiantiles y de los movimientos sociales del FdT, que incluyen a PG. Así se vio en Chubut y en Mar del Plata, donde el movimiento ambientalista le puso un freno al peronismo extractivista. También desde el FIT U nos venimos movilizando, como el día de la votación, junto a más de 200 organizaciones, llamando a todos los sectores que decían rechazar este acuerdo a participar, incluyendo a PG. Pero parece que todavía no hay suficiente entrega y miseria como para que le conmueva al propio Grabois

Una juventud ¿desmoralizada?

Lo que está en juego es el futuro de las nuevas generaciones, que tendrán que crecer en un país más pobre, más desigual. Y en ese marco, nos preguntamos, ¿qué queda de una organización que supo conquistar un considerable apoyo de sectores de la juventud?

La respuesta es una militancia desmoralizada por las promesas incumplidas y por tener que defender lo indefendible. Que cada día pierde más terreno con las agrupaciones peronistas o kirchneristas. Que en los sindicatos y las facultades actúa en todo lo esencial de común acuerdo con estas fuerzas. Que ve como único horizonte posible la derrota y la mayor subordinación al imperialismo.

Y que se ubica a contramano de los procesos internacionales que protagoniza la juventud, como las revueltas en Chile, Francia, Estados Unidos, Colombia; que incipientemente empiezan a expresarse en nuestro país, con la marea verde, el movimiento ambientalista, la lucha de la salud en Neuquén, o la pelea contra la reforma previsional en 2017 (que algunos autores sitúan como el fenómeno que abrió las puertas a las revueltas que siguieron). Militan la resignación, y la idea de que no hay nada más que el FdT. Que la relación de fuerzas no da para otra cosa.

Por nuestro lado opinamos, como dijo Myriam Bregman, que la relación de fuerzas se construye. Movilizándonos masivamente, construyendo la más amplia unidad para la lucha, fortaleciendo la autoorganización y a la izquierda en los lugares de trabajo y estudio, recuperando sindicatos, comisiones internas y centros de estudiantes de las manos de las burocracias que quieren poner esas herramientas al servicio del gobierno y del Estado y no de nuestras peleas, necesidades e intereses.

Mientras ellos ven en todo una “derechización”, “una hegemonía neoliberal”, “un pueblo que no se conmueve”, nosotros vemos que empieza una experiencia de amplios sectores con el peronismo.

Los dirigentes del “progresismo financiero”, con instinto de supervivencia, ven que tienen que despegarse del fracaso albertista para preservarse. Mientras tanto, le siguen haciendo de cortina progresista al gobierno para tratar de evitar que un sector rompa por izquierda, con la mirada puesta en 2023. Esto presupone que la crisis política que tiene el FdT desde la derrota electoral, no sólo fortaleció a la oposición de derecha, sino también a un actor que le arrancaría la simpatía de importantes franjas de los simpatizantes del kirchnerismo: la izquierda. Nosotros intervenimos en este proceso de desencanto y cuestionamiento al peronismo, para que no se transforme en una bronca impotente, en una resignación. Todo lo contrario, lo hacemos para dirigir esa experiencia hacia una estrategia para derrotar con la lucha y la organización al FMI.

Sabemos que no es fácil, pero por eso militamos cada día en los lugares de trabajo y estudio, y nos preparamos para dar la pelea en las elecciones universitarias que se vienen en varios puntos del país, donde buscaremos que se exprese la votación al Frente de Izquierda Unidad. También la fuerza de las movilizaciones contra el FMI donde la izquierda, junto a más de 200 organizaciones coparon la calle. Por una juventud que no agacha la cabeza, que no se resigna a que estudiar sea un privilegio, que la precarización sea la normalidad. Y que quiera unirse con los trabajadores y los sectores populares, para en un nuevo aniversario de la dictadura, retomar las mejores tradiciones de la revolucionaria generación de los 70.

Por una juventud que se prepare para derrotar el pacto del gobierno con el FMI, organizada y en las calles. Que se prepare para vencer. Por eso peleamos.




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