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Red Internacional

Algunos elementos para pensar la economía que se viene. La foto del empleo precario de trasfondo en la movilización de la CGT, y la negociación de las condiciones del ajuste que impondrá el FMI.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Miércoles 17 de noviembre | 11:14
📉 PANORAMA ECONÓMICO | Lealtad al FMI: La economía post electoral #AS - YouTube

La primera foto para tener en cuenta es la situación del empleo. Un dato inédito, publicado ayer y elaboración propia de La Izquierda Diario, realizado por Camila Chiappero y Clara López, indica que la tasa de precarización laboral extrema llega al 44 %.

En las mujeres el aumento es más pronunciado, y rompe el techo del 50 %. Mientras que en la juventud la precarización extrema llega al alarmante número del 68,6 %.

Son denominados “precarizados extremos”, porque da cuenta de un piso de precarización teniendo en cuenta el avance e implementación de nuevas formas de flexibilización por convenio en el sector privado.

Esta foto, que en realidad es una película en la cual la situación de la clase trabajadora viene empeorando desde hace años, debe tenerse en cuenta para ponderar la importancia que tiene el acto de hoy de la CGT, la burocracia sindical y los movimientos sociales oficialistas en la escena política actual.

No hay que olvidar la caída de más de 22,5 puntos en el salario real de los trabajadores registrados desde noviembre 2015 y de 31,4% de los informales desde octubre 2016. Asimismo, una caída de 27,3% de la jubilación mínima desde la asunción de Macri.

En el marco de una economía que no supera el nivel de actividad del año 2012 (desde hace 10 años), el desempleo, la precariedad y el deterioro salarial son un sello de la realidad. Diez años, para un jóven de 15 o 17, es prácticamente toda su vida consciente. Diez años en donde gobernaron los dos partidos mayoritarios.

Esta foto y esta película, son también claves para explicar el crecimiento hacia los extremos que se observó en estas elecciones.

Pero decíamos, ponderar la importancia que tiene el acto de la cúpulas sindicales hoy en todo este lío, donde Alberto Fernández fue ya presentado como el único orador, tiene que ver con el rol de la CGT y la burocracia sindical en contener, desviar, evitar todo tipo de lucha desde hace años.

En un país con una tradición de lucha y de movilización enorme y un alto grado de sindicalización, no llamar a un mínimo paro general o un plan de lucha en esta situación de decadencia estructural es un “mérito” enorme en favor de los dueños del país.

Esta “lealtad”, que hoy se expresará hacia el peronismo de la figura del presidente, no es más que un anticipo de la lealtad hacia el plan de ajuste del FMI. Porque Alberto necesita la aprobación del acuerdo con el Fondo en el Congreso, que fue una de las condiciones que impuso el organismo y que Guzmán cumplió enviando el proyecto de ley como un alumno ejemplar, pero sobre todo necesita su validación en la calle (o mejor dicho, sin gente en la calle). Y para ello, los “movimientos sociales” que administran planes en los barrios y el sindicalismo unificado preparándose para la contención del movimiento obrero ocupado, son claves.

Por ello, la economía que se viene no es más que una continuidad, en el mejor de los casos, de esta administración de la decadencia, en donde se agregan temporadas que son cada una peor que la otra. Imposible pensar un futuro que rompa este esquema bajo el monitoreo trimestral o semestral del FMI de las variables económicas.

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Ayer corrieron rumores de los trascendidos de los puntos en discusión en el acuerdo. Se anticipó no contendría una reforma laboral ni previsional explicitada, como si fuese una gran conquista. La última ya se hizo bajo este gobieno ajustando a los jubilados varias veces. La primera ya se está intentando implementar en los hechos mediante su implementación en los convenios de trabajo como en Toyota.

¿Por qué el plan “plurianual” ya estaba confirmado con un mensaje grabado, sea cual fuese el resultado de las urnas e incluso antes de que se confirmen?

Se sabe que el FMI presiona en varios sentidos para cerrar un acuerdo:

  • Una devaluación, no necesariamente de forma brusca, pero sí más acelerada por encima de la inflación. Aspecto contradictorio con su vociferación de frenar la inflación.
  • La eliminación del déficit cuasi fiscal, del Banco Central, pero no para que reduzca la emisión de Leliq en favor de los bancos, sino para que elimine los adelantos al Tesoro. Que el financiamiento del Estado corra exclusivamente en base a la deuda (interna, pero también externa).
  • Déficit primario cero: Un achicamiento del déficit fiscal. para que en uno o dos años se alcance el “deficit cero”. Necesariamente el punto a discutir es la reducción de subsidios económicos de las empresas privatizadas de servicios, lo que se compensará con mayores tarifazos. Nunca, desde ya, será su perspectiva cuestionar las rentabilidades. Sumado a mayor ajuste del gasto. Es decir, algo aún mayor al recorte de 14 % que Guzmán acumula este año en prestaciones sociales.

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La extensión de las sesiones ordinarias al 31 de diciembre es también un gesto. ¿Buscará el Gobierno tener aprobado este plan antes de fin de año para cerrar el acuerdo en febrero o marzo?

Lo que si se sabe es que el año que viene el gobierno ya no contará con el “viento de cola”. Difícilmente se repita el escenario de precios elevados de las materias primas y exportaciones récord que podría hacer terminar el año con un superávit comercial de U$S 15.000 millones (¿adónde fueron esos dólares, dicho sea de paso?).

Tampoco contará con nuevos repartos de DEG del FMI. Ni con una entrada extraordinaria como el aporte solidario, lejos de un verdadero impuesto a las fortunas y ganancias extraordianarias.

Lo que está en discusión no es el ajuste en si mismo, sino quién se hará cargo del ajuste y cómo se repartirán las responsabilidades. Mientras tanto, los "vivos" de siempre -los grandes empresarios, los bancos, las trasnacionales y los especuladores de la deuda-, siguen haciendo sus negocios.

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