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Red Internacional

El 14 de diciembre de 1976 fueron secuestrados Miguel Grieco, José Vizzini y Alfredo Martín, obreros de la automotriz alemana Mercedes Benz de La Matanza.

Jueves 14 de diciembre de 2017 | Edición del día

La historia de la Mercedes Benz, historia de genocidios

La empresa Mercedes Benz se instala en Argentina en 1951 durante el gobierno de Perón. El presidente de la multinacional alemana era Jorge Antonio, mano derecha del General. Fue enfermero del Colegio Militar hasta 1942 y cuatro años más tarde era designado coordinador del Primer Plan Quinquenal. En 1951, la casa matriz de Mercedes lo designó como presidente de su filial argentina. Pero la suerte de este peronista de pura cepa, no tardó en crecer. Otras grandes industrias germanas como Deutz, Thyssen, Siemens y Krupp requirieron sus servicios.

La automotriz alemana tenía entre su personal jerárquico a miembros del régimen nazi. En una entrevista, el mismo Jorge Antonio no se sonrojó al reconocer que: "a la planta de Mercedes Benz, entró un montón de gente, entre ellos Adolf Eichman".

Este Teniente Coronel de las SS nazis, fue responsable directo del genocidio en Polonia y del transporte de deportados a los campos de concentración alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial. Eichmann escapó a Argentina donde vivió entre 1950 y 1960, hasta que fue descubierto. El no era el único miembro de las SS que "trabajaba" en la planta de Mercedes Benz. "Todo el mundo sabía perfectamente que era Adolf Eichman y figuró en la Mercedes Benz como Adolf Eichman desde 1949 hasta que lo detuvieron, en 1960”, aseguró Antonio. También dijo que el pasado de Eichman era horrible pero “era la guerra y él no hacía más que cumplir órdenes”.

Tantas "coincidencias" en su suerte para los negocios y sus opiniones sobre el genocidio nazi, dejan a la luz que Antonio fue un nexo entre Perón y la gran industria alemana.

Los obreros de Mercedes, organizados y en lucha

El peso de la izquierda se extendía en varias industrias, sobre todo en la automotriz como ocurría en la provincia de Córdoba. Al calor de ese proceso los trabajadores de Mercedes se fueron organizando y formaron una de las primeras listas opositoras a la burocracia del SMATA, dirigida por José Rodríguez.
En 1957 la comisión interna inició un reclamo a la gerencia por la captura de Eichmann. A los pocos meses dentro de la planta se hicieron varias movilizaciones exigiendo mejores condiciones de trabajo.

El año 1970 comienza con lucha. Los trabajadores se suman al paro nacional convocado por la CGT para el 23 de abril contra el gobierno de Onganía y son parte del plan de lucha para enfrentar las suspensiones en la industria automotriz.

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Entre el 73 y el 74 empiezan los paros en la planta, en reclamo nuevamente de mejores condiciones laborales. Ese primer año, cuando asume Cámpora, se ocupa la fábrica, en el marco de una oleada de ocupaciones en la Zona Oeste como la del Hospital Posadas, donde se eligieron de forma directa a sus autoridades. En el verano del 74, se realizó una toma de la fábrica que incluyó el secuestro del personal jerárquico en reclamo de la refrigeración en los pabellones ante una ola de calor que hacía inhumano el trabajo en la planta.

Ese mismo año, una lista opositora recupera la comisión interna que en ese momento estaba en manos de la Verde, a lo que la patronal responde despidiendo a la mayoría de sus miembros, en común acuerdo con José Rodríguez, que impugna unos meses después a la nueva interna, y designa una intervención.

Los activistas y miembros de la interna, impugnada participan junto a las principales metalúrgicas de la zona, de la Coordinadora de La Matanza y de las movilizaciones de junio y julio del 75, que dieron a su vez impulso a los trabajadores de la planta para sacarse de encima la intervención.

El reclamo fue el rechazo al descuento de un día de trabajo para la caja del SMATA y la indexación del salario según la inflación. La medida: un paro que duró 22 días.

La masiva asamblea que vota el paro en la puerta de la oficina de la intervención como símbolo del reclamo, tanto a la patronal como a la burocracia, vota también al que será conocido como “Grupo de los 9”, que va a funcionar como comisión interna junto a un cuerpo de delegados por sección, compuesto en total por 60 miembros, con una minoría de militantes de la JTP, del PRT y del PC y una mayoría de independientes. La respuesta de la burocracia a esta organización es una patota armada que intenta copar la asamblea y termina siendo echada a empujones por todos los trabajadores de la planta.

El Ministerio de Trabajo, al mando de Carlos Ruckauf, declaró ilegal la huelga y avaló el despido por parte de la empresa de 117 activistas, entre ellos los integrantes del "Grupo de los 9". Los trabajadores respondieron de forma contundente: “los 4000 adentro, los 4000 afuera” y el conflicto pegó un enorme salto, que implicó la organización solidaria de los vecinos de Cañuelas, a partir de la iniciativa de María Luján, esposa de uno de los despedidos, a través de actos, cierre de negocios en apoyo a la huelga, asambleas, fondo de huelga y recolección de alimentos. También recibieron la solidaridad y donaciones de las internas de las empresas que eran parte de la Coordinadora de Oeste, como Lucas Indiel, Santa Rosa, MAN, Grafa, FAPESA, Jabón Federal, entre otras.

Finalmente, los obreros de Mercedes Benz triunfan. La empresa tiene que reincorporar a todos los despedidos, pagar los salarios durante de los 22 días de conflicto, otorgar un aumento salarial y reconocer a los 9 miembros votados en asamblea como la comisión interna legítima.

Empresa, Estado y burocracia. Un pacto genocida contra los trabajadores

El año 1975 fue emblemático y demuestra que el plan genocida fue preparado con anticipación.

En ese año Mercedes Benz realiza una "donación" de un equipo de neonatología al Hospital Militar de Campo de Mayo, donde funcionó durante la dictadura la Maternidad Clandestina más grande del país, donde nacieron más de 200 niños/as que aún hoy siguen con su identidad apropiada.

Varios de los directivos de la empresa están denunciados actualmente por delitos de lesa humanidad. El Jefe de Seguridad de Mercedes Benz fue Rubén Lavallen, comisario durante la dictadura de la Brigada de San Justo. Lavallen participó personalmente en la detención de trabajadores de la planta y fue el apropiador de Paula Logares, hoy nieta recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo.

En noviembre de ese mismo año, el secretario general del sindicato, José Rodríguez, publica una solicitada donde acusa de “subversivos” a los trabajadores de Mercedes, lo que implicaba en aquel momento condenarlos a muerte. El SMATA recibió por parte de la empresa como devolución a sus favores, el 1% de las ventas a través de un denominado “fondo social”.

José Rodríguez siguió al frente del sindicato hasta abril del 75 y murió impune en 2009. A su responsabilidad en el secuestro y desaparición de trabajadores de su gremio, también fue imputado por administración fraudulenta en la obra social de los mecánicos.

También en 1975, el Estado dejó su marca. Como describe el informe de ECCHR (European Center for Constitutional and Human Rights): “el ministro de Trabajo, Carlos Ruckauf, ordenó por escrito a los responsables de la empresa Mercedes Benz que eliminaran a las fuerzas subversivas existentes en la misma”. La dirección de la empresa también se pronunció, y dejó en claro su predisposición a realizar los esfuerzos necesarios para eliminar los “elementos subversivos de las fábricas”, según el informe que elaboraron sobre el conflicto laboral de 1975 y que envió a la Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas (FITIM) el 19 de mayo de 1976.

Videla y Ruckauf

Favor con favor se paga

La dictadura le permitió a Mercedes Benz librarse de la organización de los trabajadores y aumentar en forma descomunal la productividad, de la que tanto se habla últimamente. No sólo eso, se estatizó su deuda de 98 millones de dólares y el ejército pasó a ser su principal cliente.

Durante el Juicio de la Verdad que se realizó contra directivos de la empresa, uno de ellos confesó que la empresa tenía una red de espionaje propia y que entregó nombres y direcciones de la comisión interna, vinculándolos con la subversión. El pez por la boca muere (o mata).

A pesar del genocidio, la resistencia de los trabajadores

Sabotajes, trabajo a desgano, eran las medidas con las que a pesar del terror de la dictadura, resistían los trabajadores. Durante el año 76 y 77 son detenidos 17 obreros y aún hoy 14 de ellos continúan desaparecidos.

La resistencia en la Mercedes existía también en otras fábricas como Ford, en donde los trabajadores les tiraban con tuercas y lo que tenían a su alcance a los militares, que con la venia de la empresa y el SMATA, entraban a los puestos de trabajo para secuestrar a sus compañeros.

La lucha, la organización y la resistencia de miles de trabajadores aún durante un período muy difícil de nuestro país es un ejemplo a seguir por las nuevas generaciones que ven cada vez más precarizadas sus condiciones de trabajo y de vida. La lucha contra la impunidad tiene que ir de la mano con esa pelea.




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