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OPINIÓN

Malvinas, el coronavirus y los que boicotean el esfuerzo popular

En 1982 la Junta Militar genocida ocupo las Islas Malvinas, restituyendo temporalmente la soberanía argentina sobre un territorio usurpado por Gran Bretaña. Para la dictadura militar encabezada por Leopoldo Galtieri se trató de una huida hacia adelante, por la enorme debilidad que arrastraba, frente a la creciente movilización popular en su contra y el desprestigio internacional.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 1ro de abril | 22:37

Astiz firmando la rendición, sin haber disparado un solo tiro, en las islas Georgias.

La guerra cosechó un gigantesco apoyo popular porque recogía una causa justa contra el colonialismo británico, se convirtió en una gran causa nacional utilizada por los militares para sus propios y limitados fines de sostenerse en el poder. La guerra es la continuación de la política por otros medios. Y la política de la dictadura había sido ser un sirviente fiel de los intereses imperialistas.

Lo suyo fue una aventura que llevo a que a la hora de hacer la guerra su política fuera, por un lado, llamar a la unidad nacional y dar falsas noticias sobre los logros argentinos en el frente isleño. Por otro lado, fue la de boicotear cobardemente todos los esfuerzos y sacrificios que hacían los soldados en el frente, condenados al frío y el hambre y siendo sometidos a vejaciones y torturas por los oficiales y el alto mando.

Mientras que en el continente se dejaban intactos los intereses económicos británicos e imperialistas. La actitud del genocida Alfredo Astiz, quien encabezaba grupos de tareas de la ESMA, en las islas Georgias sintetizó la moral de los militares, por un lado bravuconeaba con que "traigan al principito" refiriéndose al príncipe Andrés que era parte del contingente inglés, pero ante el zumbido del primer helicóptero de la Marina Real se rindió sin disparar un solo tiro.

En Malvinas la derrota fue responsabilidad exclusiva de la dirección de los militares genocidas que actuaron cobardemente y boicotearon todos los esfuerzos de guerra porque temían enfrentar al imperialismo. Terminaron de mostrar que las FFAA son fieles servidores del capital contra los trabajadores y el pueblo y no instrumento de la defensa nacional como proclama la ideología burguesa.

La única manera de derrotar a Inglaterra en Malvinas era desarrollando la movilización de los trabajadores, su autoorganización, derrotando a la dictadura y liberando a los presos políticos de entonces y restaurando las libertades democráticas para organizar la lucha contra la agresión colonialista, afectar sus intereses económicos, expropiándoles sus tierras y empresas, haciendo de la causa nacional una lucha continental contra el imperialismo.

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El enemigo invisible y el boicot patronal

Frente al coronavirus se vuelve a apelar al lenguaje de la guerra y la orden de batalla es derrotar al enemigo invisible de la pandemia, si bien no se trata de una guerra a pesar de los esfuerzos interesados en presentarla así. Se trata de una gran causa nacional y a tal fin se pide sacrificio al pueblo.

Como el coronavirus lo que ha desatado es una brutal crisis económica, sanitaria y social, la burguesía ha acuñado el concepto de esfuerzo compartido. Es decir que si ellos pierden los trabajadores también deben perder algo. Se apela a una causa justa para lograr el apoyo popular. Ciertamente no hay una dictadura militar al frente del Estado burgués como en 1982, sino un gobierno elegido constitucionalmente y con amplio consenso social a partir de las medidas adoptadas ante el COVID19.

Pero al igual que entonces, la causa nacional se empaña frente al hecho de que la mayor parte de la carga de la pandemia recae sobre la espalda de los trabajadores y el pueblo pobre. Son los trabajadores de la salud, los empleados de los supermercados, los camioneros y recolectores de residuos, los obreros y obreras de los laboratorios, por nombrar solo algunos, la primera línea expuesta al contagio. Son los trabajadores informales y en negro, el pueblo pobre hacinado en las grandes villas miserias, las primeras víctimas sociales del virus.

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Mientras los trabajadores y el pueblo pobre realizan su esfuerzo, la burguesía pretende aprovechar la existencia del coronavirus para avanzar en despedir miles de trabajadores y bajar los salarios.

No es casual que sean dos símbolos de distintas fracciones del capital, Techint de la burguesía industrial y Nicolás Caputo del capital financiero, quienes estén a la cabeza de la ofensiva contra el empleo y el salario. Mientras tanto los terratenientes y empresarios de la alimentación y farmacéuticos hacen otro tanto especulando con el precio de los alimentos e insumos básicos para acrecentar sus ganancias.

Basta ver el ejemplo de Farmacity, que hasta hace poco era propiedad del infame Mario Quintana, uno de los principales responsables del hundimiento del país, al igual que Caputo, bajo el gobierno de Cambiemos. Los capitalistas argentinos se parecen a los militares con quienes supieron mantener su dominio mediante los crímenes del terrorismo de Estado.

Los genocidas se robaban las millonarias donaciones que el pueblo argentino hacía para los combatientes en el frente, las patronales especulan y despiden poniendo en riesgo la salud, amenazando el trabajo y con el hambre al pueblo.

Son los trabajadores y el pueblo quienes tienen que dar una salida a la crisis sanitaria, social y económica que conlleva la pandemia. Hay que hacer que sean los capitalistas los que paguen el costo de la crisis porque ellos son la principal causa de boicot y desorganización de los esfuerzos populares. Hay que tomar en nuestras manos la lucha por centralizar en un comando único los recursos sanitarios y científicos, declarando a toda la industria de la salud privada de utilidad pública.

Son los trabajadores los que tienen que garantizar que se cumpla efectivamente la prohibición de despidos y suspensiones. Son ellos mismos autoorganizados los que tienen que imponer, mediante el control de la producción, una reconversión industrial para poner todos los recursos del país al servicio de dotar de todo el material necesario para poder enfrentar la crisis del COVID19.

Son ellos los que tienen que impedir el desabastecimiento y la especulación y exigir que se grave a las grandes fortunas para financiar un ingreso mínimo de $30 mil para que todo trabajador y trabajadora informal puedan subsistir a la crisis.

Una gran causa nacional solo puede ser exitosa si lo toman en sus manos los trabajadores y el pueblo pobre. Derrotando el boicot patronal y las vacilaciones de un gobierno que sigue pagando deuda externa, acaba de desembolsar U$S 250 millones, en lugar de destinar esos recursos contra el coronavirus. Un gobierno cuya preocupación principal es contener el estallido del país burgués.







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