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Red Internacional

EDITORIAL.Maradona, el corazón y la cabeza

El debate sobre la muerte, la figura y el legado de Diego Maradona en una grieta en la que no hay que entrar o, en todo caso, salir por arriba. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Domingo 29 de noviembre de 2020 | 22:20
  •  Pasaron unos días desde la conmoción nacional que generó la repentina muerte de Maradona y podemos abordar la cuestión con un poco de distancia crítica.
  •  Algunas cosas que quería decir alrededor del fenómeno, el mito o la leyenda Maradona están en un artículo que publiqué hoy en el diario Tiempo Argentino titulado “Un campo de batalla”. También están los artículos y comentarios de Augusto Dorado en este programa u otros publicados en La Izquierda Diario que, en general y con matices, apuntan hacia el mismo lugar.
  •  Me interesaba reflexionar en este espacio alrededor de esa especie de grieta que se armó en torno a la interpretación o del sentir por la muerte de Diego, y que contiene dos posiciones polares:
  •  La primera es la posición contra la que más se discutió en estos días y tiene que ver con la “cancelación” a cualquier tipo de reivindicación de Maradona a partir del cuestionamiento a algunos o varios aspectos de su vida personal o pública.
  •  Pero, la segunda posición –que se desarrolló en parte a caballo de cuestionar la anterior– es aquella que impugna cualquier forma de crítica a esos mismos aspectos que, efectivamente, son criticables. Aparecieron personas que parecían ser portadores de una especie de maradonómetro que actuaban en espejo a los otros canceladores o canceladoras: cualquier cuestionamiento o crítica implicaba que no sabías, que no entendías, o peor, que “no sabías sentir”. Son una especia de sommeliers de los sentimientos maradoneanos que te enseñaban a “sentir” verdaderamente a Maradona. Obvio, esto quería decir que tenías que comprar llave en mano todas las aristas de la personalidad del ídolo y especialmente sus posiciones políticas.
  •  No se trata de adoptar una posición equidistante, el tipo Corea del Centro en relación a estos dos polos, sino de tratar de tener una mirada un poco más profunda, porque la discusión planteada en esos términos es, en primer lugar, superficial.
  •  Uno de los puntos de partida para transformar algo es entenderlo. El fenómeno o el mito Maradona tiene muchas dimensiones que lo transformaron en lo que fue.
  •  Una de esas dimensiones es la empatía o la identificación popular con el espíritu plebeyo de reivindicar al pibe criado en la pobreza de Fiorito que se impuso a golpes de pura gambeta en el mundo de los ricos: hay un sentimiento clasista en eso, aunque expresado como la aspiración a superar la situación con la hazaña individual.

    También la empatía con la epopeya del 86 y sobre todo el “partido revancha” con los ingleses: esa reivindicación no deja de manifestar cierto antiimperialismo, pero de una sociedad en parte derrotada (y que venía de ser “procesada”) y aspiraba –por lo menos– a reparar algo en una batalla “de mentira” como premio consuelo porque se había perdido la guerra de verdad. O ya en Italia por haber llevado al país rico a rendirse a los pies de un club de una región históricamente pobre y discriminada.

    Hay más cosas como el cuestionamiento que hizo Diego a “tanto oro” en el Vaticano, la pelea con el Papa, mientras la gente pasa hambre; la disputa con la FIFA de Joao Havelange (muchos creen que en 1994 lo fueron a buscar para “cortarle las piernas” y no interesa si es cierto porque es verosímil); el impulso al “sindicato de jugadores” o el apoyo a los jubilados. Esa recuperación o apropiación que hace cierto sentido común popular espontáneo, digamos (que no recuerda o quiere recordar que estuvo aliado a Menem o a Cavallo o que tuvo actitudes machistas etc.) dice algo sobre las aspiraciones de estos sectores que hay que tomar como dato, y que no es mera manipulación.

  •  Por supuesto que todo esto se combina con una capacidad magistral y extraordinaria de Maradona en un deporte que es parte de la cultura popular. Con verdaderas “obras de arte” hechas adentro de una cancha. Y el entretenimiento o el arte opera despertando los sentidos, abre posibilidades sobre las capacidades humanas porque rompe la monotonía de la rutina embrutecedora del sistema. Evidencia que los hombres o las mujeres pueden ser algo más que bestia de carga, de trabajo, de línea de montaje, de repetición o de consumo.
  •  Ahora, todo eso no niega, más bien, pone en evidencia que se creó una gran industria alrededor de eso, que se intenta usar al fútbol y a sus protagonistas. Una industria que genera un poder, y un poder que obnubila, y enturbia todo. Maradona estuvo ahí y su tramo final, incluso, es una fotografía de esa realidad. Explotar la figura hasta lo último. Todos recordamos con tristeza las imágenes patéticas del evento que organizó la AFA para su cumpleaños número sesenta. O ahora, todo el carancheo alrededor de su incalculable herencia.
  •  En síntesis: no reconocer, no ser parte si uno lo siente así, no apoyarse en esos sentires populares, en esas aspiraciones, en esas ansias justicieras que muchas personas (sobre todo, trabajadores o pobres) depositaron en los símbolos de Maradona, es dejarlo en manos de los que quieren utilizarlo para sostener el orden y no cambiar nada. No problematizar o no cuestionar otros aspectos discutibles es no hacer ni si quiera honor a lo mejor de un legado, ya sea de Maradona o de cualquier artista, figura o mito popular que haya alcanzado esas alturas.
  •  Quizá una buena manera de abordar un fenómeno tan inmenso, tan mutidimensional, con tantas capas de sentido, que toca el mundo de las emociones personales que fueron parte de nuestra historia y de nuestra vida, sea no sólo sentirlo con el corazón propio, sino también pensarlo con la propia cabeza.


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