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Red Internacional

Declaró por primera vez y relató la persecución que padeció su familia durante los años 70, la lucha de su abuela por encontrar a su hermano o hermana, legado que continúa “el Tano”. También testimoniaron la hermana de Juan Carlos Fund y la hija de Manuel Coley Robles.

Valeria Jasper@ValeriaMachluk

Maine GarcíaHija de desaparecidos | Miembro del CeProDH y de Justicia Ya!

Domingo 27 de junio de 2021 | 15:42

En una nueva audiencia del juicio que se lleva a cabo por los crímenes cometido en los pozos de Banfield, Quilmes y Lanús, declaró Miguel Santucho, hijo de Cristina Navajas, detenida desaparecida en 1976. Fue su primera declaración en un juicio por delitos de lesa humanidad.

A lo largo de su relato, describió con detalle la persecución que padeció su familia paterna a lo largo de la década del 70, la resistencia de su madre en cautiverio, la lucha de su abuela materna por encontrar a su hermano o hermana que transmitió al “Tano”, como lo conocen a Miguel, y que asumió como parte de una lucha colectiva.

La familia que aprendió a conocer

Cristina Silvia Navajas era la mayor de dos hermanos de una familia porteña de clase media. Estudiaba Sociología en la UCA cuando conoció a Julio César Santucho. A partir de allí se vinculó al PRT y comenzó a militar. Al momento de su secuestro era docente de las escuelas del partido donde enseñaba historias de la revolución latinoamericana y cubana.

Julio César Santucho era el menor de diez hermanos de una familia tradicional de Santiago del Estero. El clima que se vivía en esa casa era de mucha participación y discusión política. Mario Roberto Santucho unió a varios en la militancia del PRT.

De los diez hermanos Santucho, todos tuvieron alguna consecuencia por la militancia, siendo perseguidos antes del golpe de estado del 76. Ana María Villarreal, primera esposa de Mario Roberto Santucho fue ejecutada en Trelew, en 1972, después de haber sido capturada en el intento de fuga del penal. Amilcar Santucho, abogado y defensor de derechos humanos, fue capturado en Paraguay donde pasó cinco años preso en el contexto del plan Cóndor. De sus cuatro hijas, Mercedes está desaparecida en Córdoba y Graciela estuvo presa durante todo el período de la dictadura desde sus 18 años.

En abril del 75 otro de los hermanos Santucho, el Negro, fue desaparecido, integraba la compañía del norte del ERP. El 8 de octubre del 75 otro hermano, Oscar, fue abatido en una emboscada en Tucumán y allí exhibieron sus restos a modo de trofeo. Por él se llama Miguel, era su nombre de guerra.

El secuestro de Cristina

El 13 de julio de 1976 allanaron un departamento familiar en Capital Federal, secuestrando a Manuela Santucho (que hacía poco tiempo había vuelto de Cuba), Cristina Navajas y Alicia Dambra, militante del PRT; dejando solos a tres niños (los hijos de Cristina y Manuela). Nélida Gómez, madre de Cristina, buscó a los niños, gracias al llamado de un vecino. Allí encontró una carta de Cristina para su esposo, que estaba en el extranjero haciendo tareas, decía que estaba convencida de que estaba embarazada.

Cristina fue vista en Automotores Orletti, un taller mecánico que funcionó como centro clandestino de detención gestionado por la SIDE y parte importante del Plan Cóndor. Por ser integrantes de la familia Santucho recibieron torturas y tormentos con mayor violencia. En su testimonio, Miguel señaló que al día siguiente del abatimiento de Mario Roberto Santucho, los genocidas realizaron una tortura especial para los militantes del PRT secuestrados allí.

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Según supo por Adriana Calvo, Cristina y Manuela estuvieron en el Pozo de Banfield, Allí llegó Cristina en un estado de embarazo avanzado. Permaneció hasta abril de 1977. Fueron parte del muro humano que impidió que los represores se lleven a Teresa, la beba recién nacida de Adriana. Cristina y Manuela transmitían esa fuerza a las compañeras de cautiverio.

Volver

Por un tiempo, Miguel y su hermano estuvieron con su abuela, después su padre gestionó para que pudieran salir del país. Vivieron en Italia desde 1977 hasta 1980. Luego fueron a México y volvieron de nuevo a Italia.

En 1985 viajó a Argentina. Su abuela era secretaria de Abuelas de Plaza de Mayo y allí se enteró de la existencia de un hermano o hermana nacida entre enero y febrero de 1977.

En 1992 regresó al país por segunda vez. Mientras participaba de una marcha, vio una pintada en Plaza de Mayo que volvió real y concreta toda la historia de su familia: “Santucho vive”. Allí decide instalarse en Argentina y reconstruir su historia. En 1996 se sumó a Hijos hasta 1999.

“Recuerdo entrar con la bandera de Hijos a los 20 años del golpe a Plaza de Mayo que estaba llena de gente y la gente nos aplaudía al entrar. La relación con mis compañeros de Hijos significó un cambio en la afectividad, nos sentíamos hermanados por nuestra historia”.

Miguel también compartió con Virginia Ogando la experiencia de búsqueda de sus hermanos. “No tener información certera es algo que te carcome, como la gotita haciendo un surco de dolor, pero la única manera de sobrellevarlo es haciendo, y buscando desde lo colectivo, el camino de apoyarse en el otro”, afirmó en relación a su búsqueda.

Para Miguel fue muy importante poder despedir a su abuela, cerrar su partida de la mejor manera. Una de sus últimas voluntades fue que sus restos fueran llevados al Río de la Plata para encontrarse con Cristina que pudo haber sido arrojada allí. Él se comprometió con la memoria de su abuela y su propia historia para continuar la búsqueda.

Para finalizar, afirmó que “es importante que se avance con la condena a los responsables y se evite la impunidad biológica. La apropiación de bebés es un delito que continúa todos los días, cada día representa una gota que viene a lastimar nuestras conciencias y nuestros sentires. Sé que la mayor parte de los imputados en esta causa tienen las respuestas a las preguntas que mi abuela y yo nos hicimos durante gran parte de nuestras vidas y espero que se tenga en cuenta este reclamo al momento de sus pedidos”.

Juan Carlos Fund y Manuel Coley Robles

Clara Fund brindó testimonio por la desaparición de su hermano Juan Carlos, trabajador de la fábrica Faraday de la localidad de Quilmes. El día 26 de octubre de 1976 fue secuestrado de su domicilio. El día previo, habían solicitado su legajo en la fábrica. Recorrieron comisarías, ministerios, distintas unidades penitenciarias, incluso fueron a ver a Monseñor Graselli. A través del testimonio de los sobrevivientes Enrique Balbuena y Gustavo Coletti, pudo saber que su hermano estuvo en Quilmes donde recibió todo tipo de torturas y violaciones. Fue lo único que pudo saber. “Yo no sé dónde está, qué le pasó, qué pensó su último día; ese ´dónde estará´ es terrible”, compartió Clara, con mucha emoción y tristeza al recordar a su hermano.

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Por su parte, María Marta Coley relató el secuestro de su padre, Manuel Coley Ramos, trabajador de la fábrica de vidrio Rigolleau, ubicada en Berazategui. Fue secuestrado el 27 de octubre de 1976 del domicilio familiar por un operativo de fuerzas conjuntas. Por testimonio de Gustavo Coletti supo de su paso por el pozo de Quilmes. En 2008, gracias a la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, pudieron recuperar sus restos. “Mi papá nos estaba esperando. Desde 2006 estaba en el EAAF, había sido exhumado en San Justo”, dijo al Tribunal al tiempo que exigió juicio y castigo para todos los responsables.




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