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Red Internacional

A los 93 años, falleció una referente histórica de las mujeres que arriesgaron su vida frente a los genocidas, luchando por sus hijos desaparecidos y contra las secuelas de la dictadura. En los 80 y 90 denunció sin descanso la impunidad garantizada por radicales y peronistas. En los últimos años adhirió al kirchnerismo, apoyando al gobierno y las políticas de sus principales referentes. Múltiples mensajes de pesar por su muerte, entre ellos de referentes del Frente de Izquierda como Myriam Bregman y Nicolás del Caño.

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Domingo 20 de noviembre | 13:15

La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, murió este domingo a los 93 años. A mediados de octubre había sido dada de alta tras estar internada varios días en el Hospital Italiano de La Plata, donde le habían realizado controles médicos. Según se informó, hace pocos días volvió a ser trasladada a ese nosocomio, donde finalmente hoy falleció.

Alejandra Bonafini, su hija, informó a través de un comunicado de prensa que su madre murió a las 9.20. “Son momentos muy difíciles y de profunda tristeza y comprendemos el amor del pueblo por Hebe, pero en este momento como familia tenemos la necesidad de llorar a la Madre de Plaza de Mayo, a Hebe, en intimidad, por lo que iremos informando a partir de mañana cuáles serán los espacios para los homenajes y recordatorios”, aclaró.

Apenas conocida la noticia de su fallecimiento, el gobierno nacional decretó tres días de duelo. Y las redes sociales se inundaron de mensajes de pesar y recordación de Hebe, de su historia y su lucha por los derechos humanos. Desde el Frente de Izquierda, pese a las diferencias profundas mantenidas con Hebe en los últimos años ante hechos importantes de la realidad, referentes como Myriam Bregman y Nicolás del Caño expresaron su pesar.

Hebe María Pastor nació el 4 de diciembre de 1928 en el Barrio Obrero de Ensenada. Con 14 años, a fines de 1942, se casó con Humberto Bonafini. Tuvieron tres hijos: Jorge, Raúl y María Alejandra. Los dos primeros fueron desaparecidos en 1977 por la dictadura cívico-militar-eclesiástica. Jorge el 8 de febrero y Raúl el 6 de diciembre. El 25 de mayo de 1978 los genocidas harían lo propio con la esposa de Jorge, María Elena Bugnone.

En 1979, asumió como presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, cargo en el que se mantuvo hasta su muerte. Durante las décadas posteriores a la dictadura, junto a sobrevivientes, organismos de derechos humanos y partidos de izquierda, Hebe se convirtió en referente de la denuncia contra el pacto de impunidad entre los genocidas y el régimen político constitucional, encarnado en las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Raúl Alfonsín y los indultos de Carlos Menem. Pacto que también implicó el sostenimiento de la “herencia” del plan económico ejecutado por Martínez de Hoz y compañía, con sus regresivas consecuencias sociales y la deuda externa como productos más visibles.

Bonafini rechazó la postura adoptada por otros familiares de desaparecidas y desaparecidos respecto a que sus seres queridos fueron meramente víctimas del terrorismo de Estado. Para ella, ante todo, sus hijos fueron parte de los 30.000 que cayeron luchando por cambiar de raíz el sistema de opresión y explotación. De allí su oposición tanto a posturas victimizantes como a la nada inocente “Teoría de los dos Demonios” impulsada por el radicalismo desde 1983 y los impulsores de la Conadep y el “Nunca Más”.

En los años 90 Hebe y las Madres denunciaron el saqueo y la represión que los gobiernos peronistas y radicales llevaban adelante a lo largo y ancho del país. Las Marchas de la Resistencia fueron un símbolo de lucha en esos años. La tarde del 19 de diciembre de 2001 las Madres fueron reprimidas ante los ojos de todo el mundo en la Plaza de Mayo por el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso, lo que generó una indignación masiva y la llegada de miles a la plaza para repudiar al gobierno que, 24 horas después, caería producto de esas jornadas revolucionarias.

Hebe fue una aliada de muchas de aquellas luchas de los años 90 y del 2001. Un ejemplo claro fue su apoyo incondicional a la experiencia de las fábricas recuperadas que, en aquella época, tenían en Zanon y Brukman sus ejemplos más potentes. Experiencias que eran combatidas no sólo desde los sectores empresarios, sino desde el propio Estado que no quería que esos ejemplos se generalicen. En octubre de 2002 viajó a Neuquén, donde les entregó el emblemático pañuelo de las Madres a los obreros que protagonizaban una lucha sin precedentes.

La transición del gobierno de Eduardo Duhalde al de Néstor Kirchner generó reacomodamientos políticos en diversos sectores sociales. También en parte de los organismos de derechos humanos. En el caso de Hebe, optó por adherir políticamente a la gestión del Estado capitalista encarnada por el kirchnerismo, lo cual derivó a dar por terminada su participación en la Marcha de la Resistencia y hasta definir que en la Casa Rosada “ya no había enemigos”. Una opción política que, producto de la cooptación a un proyecto político burgués, ayudó a esmerilar la potencia de la lucha y la movilización popular.

Desde 2003 Hebe dejó de tener una actitud clara frente a la criminalización de la protesta social que en esos años mantuvo procesados a casi 5.000 luchadores obreros y populares, una política de Estado sostenida por el kirchnerismo. Su decisión de apoyar políticamente a ese espacio de manera acrítica la llevó a no denunciar represiones, nuevos crímenes de Estado, espionaje ilegal y una constante persecución política a activistas sociales y a la izquierda.

Como se escribió en 2015 en este diario (cuando anunciaba que con Macri volvía a luchar en las calles), Hebe había elegido durante años el silencio, subordinándose al peronismo y renunciando a luchar y resistir ante la impunidad y la represión del presente. Para ella, la lucha había terminado con el kirchnerismo en la Casa de Gobierno.

Con el macrismo en el poder, Hebe fue objeto de persecución política. Con la excusa de la causa judicial por los negociados inmobiliarios de Sueños Compartidos (proyecto que impulsó junto a Sergio Schockelender), el gobierno de Cambiemos y el Poder Judicial aprovecharon para avanzar sobre referentes históricos de la lucha por los derechos humanos. Así como se rechazó masivamente en las calles el “2x1” a los genocidas, se evitó con la movilización popular que Hebe fuera detenida. Allí estuvo la izquierda, en la primera línea, para defenderla.

Pese a las diferencias políticas (programáticas y estratégicas) que fueron distanciando cada vez más a Hebe de Bonafini de las experiencias combativas de la clase obrera y los sectores populares, en estas horas luctuosas es inevitable reivindicar su memoria como luchadora contra la impunidad, mujer capaz de torcerle el brazo junto a sus compañeras a cuanto represor se le pusiera en frente, reivindicadora de la lucha de sus 30.000 hijas e hijos detenidos desaparecidos y ejemplo (en todo sentido) de que “la única lucha que se pierde es la que se abandona”. Hasta siempre, Hebe.


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