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Red Internacional

Crisis social. Nuevas protestas en Cuba tras apagón general

Los cortes de luz se produjeron tras los destrozos provocados por el huracán Ian y desataron cacerolazos y cortes de calles. El gobierno respondió movilizando las fuerzas de seguridad y cortando internet pero las protestas siguen.

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Domingo 2 de octubre | 11:54
Uno de los bloqueos que se vienen produciendo en distintos puntos de La Habana y otras ciudades.

El paso del huracán Ian por el occidente cubano provocó desde el martes pasado la caída del ya de por sí obsoleto Sistema Eléctrico Nacional dejando a toda la isla sin luz. A raíz de ello, el jueves por la noche comenzaron protestas callejeras en diversos barrios de La Habana así como en otros pueblos y ciudades que seguían este domingo.

Hombres y mujeres de todas las edades se congregaron espontáneamente en distintas esquinas y bloquearon intersecciones y hasta la Autopista Nacional. Se vieron variadas formas de protesta: sentadas, cacerolazos, cordones humanos atravesando la calle, bloqueos con tachos de basura.

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Algunos reportes, provenientes de medios derechistas, informaron incluso de enfrentamientos con las fuerzas policiales aunque sin mostrar evidencias. Lo que sí se pudo ver en diversos videos caseros que tomaron los propios manifestantes con sus celulares, fue la diversidad de protestas y la movilización de decenas de patrulleros, personal policial y hasta camiones del ejército transportando soldados.

Por otro lado, el gobierno de Miguel Díaz-Canel cortó ese mismo jueves el servicio de internet en toda la isla una medida preventiva para evitar que las protestas se masificaran. Según la información disponible, el servicio recién comenzó a reestablecerse de manera paulatina durante la mañana del viernes.

Ajuste, inflación y escasez de productos

La situación económica y social que atraviesa la isla se ha vuelto realmente apremiante sobre todo desde que la pandemia de Covid-19 afectó drásticamente el turismo, uno de los principales ingresos de divisas para el país. Como hemos denunciado en otras notas, el gobierno de Díaz-Canel respondió a principios de 2021 con un duro ajuste basado en la devaluación monetaria y el recorte de subsidios.

El efecto fundamental de esta política, llamada Tarea Ordenamiento, fue una escalada inflacionaria que destruyó todavía más el poder adquisitivo de los salarios. Al mismo tiempo, el aumento de los precios se combinó con una escasez de productos, incluyendo los de primera necesidad como alimentos, o productos de limpieza e higiene personal.

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La protesta popular no se hizo esperar, estallando el 11 de julio de aquel año con masivas manifestaciones en toda la isla que fueron duramente reprimidas, perseguidas y judicializadas por el gobierno. Sectores de derecha pro capitalista y pro yanqui, intentaron montarse sobre este fenómeno para darle una salida reaccionaria. Fracasaron en el intento, como se vio en una posterior convocatoria que no tuvo mayor repercusión y que fue preventivamente reprimida por el gobierno. Desde entonces, pese al giro represivo del régimen que incluyó una reforma del Código Penal imponiendo mayores penas para las y los manifestantes, las protestas espontáneas continuaron intermitentemente aunque sin llegar a la masividad de aquellas.

Giro represivo frente a la creciente protesta social

Las nuevas expresiones de descontento que estamos viendo estos días muestran que la situación abierta con el estallido social del 11J está lejos de haberse desactivado. La imagen renovadora que quisieron mostrar el Partido Comunista y el gobierno con la reciente aprobación del Código de las Familias, se evaporó en pocos días con esta nueva crisis. Es que la mayoría trabajadora de la población ya no soporta la degradación cotidiana de sus condiciones de vida mientras ve, al mismo tiempo, cómo los sectores acomodados de la burocracia estatal y de la emergente pequeño-burguesía tienden a enriquecerse.

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Recientemente, la burocracia gobernante tomó nuevas medidas que favorecen esta creciente diferenciación social. Liberó la venta de dólares y permitió por primera vez desde la revolución de 1959 que empresas privadas extranjeras puedan operar en los mercados minorista (a través de empresas mixtas) y mayorista.

Con un discurso que promete aliviar las penurias de las masas por medio de la captación de inversiones y la “eficiencia” productiva que aportaría el sector privado, la burocracia profundiza los elementos capitalistas en la economía nacional y avanza en la asociación con el capital extranjero.

Para garantizar este proceso de restauración capitalista que implica que la crisis la paguen las masas trabajadoras, el gobierno viene apelando a una mayor represión para lo cual, como denuncian muchos manifestantes, no les faltan recursos. Al mismo tiempo, otorga plena libertad a las iglesias católica y evangélicas para que desarrollen sus campañas retrógradas como hicieron ante el referéndum sobre el Código de las Familias.

Toda esta política de la burocracia gobernante -tanto en lo económico con un ajuste brutal, como en reforzar el autoritarismo del régimen de partido único- no hace más que favorecer los intereses de los sectores derechistas, que tanto dice combatir.

En Cuba se vuelve cada vez más urgente que la movilización popular de un salto y se organice detrás de un programa obrero y popular, revolucionario (opuesto por el vértice al que promueve la derecha) que comience por derrotar el bloqueo imperialista, terminar con todos los privilegios de la burocracia, e imponer una planificación democrática de la economía a favor de las masas trabajadoras.


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