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Red Internacional

En las últimas horas se conoció la noticia de otro “accidente” brutal en una fábrica de Virrey del Pino. Los medios se llenaron de morbo titulando cómo había sido la muerte de Rocío Décima, obrera de 21 años. La juventud, la más expuesta a los crímenes laborales. ¿Cómo hacer justicia?

Lucho Aguilar@Lucho_Aguilar2

José Muralla@murayeando

Miércoles 6 de abril | 11:28
Rocío, de 21 años

“Hizo falta que se murieran seis personas para que, por un día o dos, nos escuchen decir cómo se trabaja y cómo se vive aquí, en La Matanza”. La frase la dijo el hermano de uno de los pibes muertos en la explosión de Aerosoles Argentinos. ¿La recuerdan? Fue en mayo de 2007. Y fue en Virrey del Pino también. Las víctimas fueron finalmente 7, entre ellas Carmen, Gisela, Jessica y Margarita. La mayoría tenía la edad de Rocío, arriesgaban la vida por 5 pesos la hora y laburaban hasta 14 horas seguidas. Los medios se encargaron de contar detalles morbosos de cómo habían muerto. De cómo habían quedado sus cuerpos.

Pero solo los escucharon "un día o dos" cómo se vive y trabaja en La Matanza. Por eso el año pasado la misma precarización laboral se cobró la vida de Octavio Miguelez. Fue en Laferrere. “Oti estaba contento porque había conseguido un trabajo. Quería salir adelante, irse a vivir solo. Y terminaron con su vida de un día para el otro” nos contó aquella vez Milagros, su amiga. Fue el 2 de junio del 2021. Aún no había cobrado su segunda quincena y soñaba con la promesa de que lo pongan en blanco.

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Nahiara, la hermana de Octavio, cuenta que cuando el supervisor los mandó a trabajar dentro de un tanque sin ventilación les dijo “no sean maricones, háganse hombres”. Y los mandó a pintar sin protección y prohibiéndole salir a respirar. Fue un asesinato laboral no un accidente. Por este motivo su familia y amigos realizaron denuncias, movilizaciones y una gran campaña pára evitar que quede impune y en estos días tendrán nuevas audiencias de una pelea que continúa, porque cuando se trata de jóvenes de los barrios más pobres la "justicia" es lenta.

Por eso quince años después de los pibes de Virrey del Pino, casi un año después de lo de Octavio, a Rocío le pasó lo mismo. Tuvo que dejar la vida en uno de esos talleres que crecen a la vera de la Ruta 3, “al fondo” de La Matanza. Tenía 21 años y operaba sola la máquina que la mató en una “fábrica de motovehículos”. Los medios, otra vez, titulan con morbo cómo murió Rocío, cómo quedó su cuerpo. En la búsqueda de clicks, hasta medios mexicanos levantan la noticia. A nadie le importa saber hace cuánto que trabajaba allí, en qué condiciones, cómo se llama la empresa. No se escucharon declaraciones de la ex intendenta y actual vicegobernadora, Verónica Magario. Tampoco de ningún sindicato local.

La Izquierda Diario se solidarizó con la familia y se puso a disposición para lo que necesiten.

En las últimas horas, el fiscal Gastón Duplaá secuestró la máquina que ocasionó la muerte de Rocío. Dijo que investigará “si la empresa contaba con todos los papeles en regla y si existía un contrato de empleo con la joven fallecida”. Dijo que se llevó la máquina porque “analizar al detalle su funcionamiento”.

Pero a Rocío no la mató la máquina solamente. La mató una maquinaria mucho más perversa. La mató la precarización que se extiende como peste en la “Capital nacional de la producción y el trabajo”, como llaman a La Matanza sus gobernantes. Esa donde la juventud sobrevive con un Potenciar Trabajo y changas, o trabajos malos como los de Jessica y Rocío. Donde la precarización laboral es también precarización de la vida, con barrios contaminados e inundados, hospitales sin insumos ni turnos, escuelas abandonadas (salvo por sus docentes).

Los datos ayudan a entender esas historias. En los Partidos del Gran Buenos Aires el 79 % de las jóvenes padecen precariedad extrema, más que los varones. Según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo si tenés menos de 25 años tenés un 50% más de posibilidades de sufrir un “accidente laboral”. El mismo Estado reconoce que la mortalidad por “accidentes laborales” es tres veces más elevada en las mujeres jóvenes que en las adultas. Y que es peor aún si son inmigrantes.

Queremos justicia para Rocío. Que paguen los responsables. Pero el mejor "acto de justicia" es pelear por cambiar esta realidad, conquistando trabajo con derechos para todos y todas. Reduciendo la jornada para que no haya pibas que tengan que trabajar 16 horas mientras sus amigos están desocupados.

Por Rocío, Jessica, Octavio y el futuro de las nuevas generaciones, hay que levantar esas banderas.




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