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Para Macri, “fue un error haber prohibido los aplazos”

La meritocracia llegó a educación. Las evaluaciones y los aplazos, las propuestas de los Ceos para los estudiantes y docentes.

Miércoles 11 de mayo de 2016 | 09:22

El presidente defendió el regreso de los aplazos en las escuelas de provincia de Buenos Aires. “Fue un error haber prohibido los aplazos” dijo en un acto en una escuela en La Pampa. No fue el único. El ministro de Educación de la Provincia Alberto Finocchiaro había señalado que “el sistema fracasó”. Además explicó por qué tomaron la decisión de volver a calificar con 1, 2 y 3 a los alumnos.

Asimismo la gobernadora María Eugenia Vidal aseguró que "la meritocracia es un valor, el esfuerzo es un valor, que deben ser aprendidos". Agregó además que la reforma implementa un plan de evaluación a los alumnos, denominado “Aprender”, por el que se realizará una evaluación muestral durante los días 18 y 19 de octubre en los 3° año de nivel primario y secundario "para entender cómo están los chicos al finalizar cada uno de estos ciclos".

En paralelo, Rafael De Hoyos, economista mejicano del Banco Mundial que trabaja en La Rioja aplicando las pruebas Pisa (Programme for International Student Assessment), fue entrevistado por el diario Clarín y afirmó que “la crisis de la educación le cuesta 1.500 dólares anuales a cada argentino”. Según publicó el economista, el dato surge de una estimación sobre cuánto impactan en el crecimiento los conocimientos que mide la prueba Pisa.

¿Es deseable que el sistema educativo sea una estricta meritocracia?

Finocchiaro hizo un elogio del esfuerzo personal: sostuvo que los alumnos deben aprender “el valor del esfuerzo”, que “dejarlos pasar porque sí es estafarlos” y que “hay que terminar con la pedagogía de la compasión”.

La “meritocracia” se instala con fuerza como un camino de competencia. Este tipo de políticas valora a la educación según lo que considera “resultados” en términos mercantiles, evaluados según un modelo de eficiencia empresarial antagónica de un criterio social y pedagógico, y pone a los estudiantes, como meros consumidores. Esto viene de la mano de la descentralización de las políticas administrativas de manera tal que cada provincia cuenta con un presupuesto propio, e impulsó la inversión en la educación privada. Se centraliza lo pedagógico, sin respetar los múltiples elementos sociales, divergencias y heterogeneidad que encontramos los docentes en las escuelas.

Para el neoliberalismo en educación, los estudiantes deben recibir una nota según su esfuerzo personal. No importa si los chicos pasan por situaciones donde sus familias son despedidas o si no tienen empleo, si no llegan a comprar los libros para estudiar o no llegan a cubrir el costo del pasaje para viajar a la escuela. Tampoco interesa si para el día de “la prueba” el estudiante se puso nervioso, si no durmió porque trabajó de noche o cualquier otro indicador. Tampoco importa si tienen más afinidad con alguna área como deportes, música o plástica. Lo que importa es una nota. Y si la nota es baja, la clave es repetir para “no estafar”.

Las pruebas Pisa, de la que habla Rafael De Hoyos, se destacan porque son estandarizadas y se limitan a evaluar y comparar “competencias”, “conocimientos” y “destrezas” de los estudiantes para desempeñarse en la vida cotidiana, habilidades que pueden ser adquiridas tanto en la escuela como fuera de ella. Recortan y abstraen lo que evalúan de la currícula, hábitos culturales, situación socioeconómica, contexto socio político, estructura escolar, condiciones de enseñanza aprendizaje y proyecto educativo de cada país. Se prioriza y valora las expectativas de rendimiento y competitividad, es decir que produce una operación ideológica por la cual se busca naturalizar la prioridad de unos saberes sobre otros.

¡Qué le consulten a los docentes!

Diego Rovella, titular de la Comisión de Educación en la provincia de Buenos Aires, dijo que la medida apunta a "incentivar a los alumnos" y a mejorar la "calidad educativa". También coincidió con Finocchiaro al señalar que los gremios "están para discutir salarios".

Cuando los trabajadores de la educación salimos a las calles, no solo discutimos nuestros salarios, tan indispensables para pensar la educación. También discutimos presupuesto y financiamiento, el estado edilicio de las escuelas y los comedores escolares. Aquellos que pretenden enrolar bajo el mote de “sindicalistas” a los docentes cuando van al paro, son funcionales al ataque de que “somos vagos y hacemos muchas huelgas”, por lo tanto los niños aprenden.

Pero también somos críticos y no nos conformamos con la educación que tenemos. Las evaluaciones, tanto de estudiantes como de docentes, deberían considerar el conjunto de los factores sociales y económicos, además de una metodología de evaluación constante, con jornadas pedagógicas para abrir el debate y compartir experiencias. Un factor importante a la hora de pensar la evaluación docente es el acceso a formación constante y gratuita, con capacitaciones en servicio, sobre la base de nuevas y mejores condiciones de trabajo en una jornada de 6 horas de trabajo, con 4 horas frente a clase para que el trabajo administrativo-pedagógico sea remunerativo.

Es necesario construir un gran movimiento de lucha en defensa de la educación pública, junto con los estudiantes y la comunidad educativa. En las calles y con nuestros métodos, de discusión, reflexión y de lucha. No vamos a dejar pasar el ajuste en educación.







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