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¿Por qué fracasó la primera reunión CGT-Gobierno?

Este jueves se iba a realizar la primera reunión oficial entre las cúpulas del sindicalismo peronista y los principales ministros. No fue nadie. El proyecto de Pacto Social y sus fallas de origen.

Jueves 24 de diciembre de 2015 | Edición del día

Tres de la tarde. La sala está reservada; están los sanguchitos y las botellas, pero las sillas están vacías. Los hombres de campera sport nunca se anunciaron. Los de saco y corbata ya se fueron a su casa.

“Primera reunión de la CGT con los ministros de Macri” habían titulado todos los diarios. Ensayaron análisis adelantados de una reunión que no fue.

¿Qué pasó?

El camino de la unidad (y la prudencia)

Antes de la asunción de Macri ya habían comenzado las negociaciones entre las distintas alas de la CGT, y entre éstas y el gobierno electo. Las designaciones en ministerios y dependencias (Trabajo, Transporte, Seguridad Social), el dinero de las obras sociales y otros puntos fueron parte de la agenda.

En los últimos días se comenzó a discutir cómo reconfigurar el poder del sindicalismo peronista. La pomposa Comisión de Unidad de la Confederación General del Trabajo convocó a un plenario de secretarios generales, del que participaron sectores del moyanismo, los “gordos”, los “independientes”, sin la presencia de Caló y Pignanelli.

Del cónclave salió el documento “El camino de la unidad para garantizar la producción y el trabajo”.

Allí reconocen el impacto de la devaluación: “estamos ante una economía inflacionaria y estancada”.

En esa situación crítica, los dirigentes “sabios y prudentes” trazan algunas líneas de su estrategia. “El movimiento obrero tiene larga experiencia en negociar condiciones para atravesar este período sin abandonar su agenda de reclamos y con la prudencia de la etapa”.

El documento de los secretarios generales plantea también un programa. Mientras reafirma la defensa de su modelo sindical, debe dar cuenta de la situación sectores de la clase trabajadora. Por eso plantean: sostener el modelo de sindicatos nacionales por actividad; mantener la negociación colectiva libre; resguardar el actual modelo de obra social; solicitar una compensación general a trabajadores activos y jubilados; solidaridad con los trabajadores de Cresta Roja, Ceramistas y de Siderca despedidos.

El documento cierra haciendo “un llamado fraternal a todos los gremios confederados, a unirse en el seno de nuestra entidad madre”. La primera prueba era la reunión que no fue.

Mesas vacías

Desde que se conoció el fracaso de la reunión, comenzaron los distintos análisis, muchos de ellos interesados.

¿La reunión solo con ministros le bajaba el precio a los máximos referentes de la CGT? ¿Fue el rechazo del gobierno a otorgar una “compensación” o bono de fin de año para todos los trabajadores? ¿Moyano decidió levantar una reunión que tampoco arrojaría grandes anuncios para mostrarse con poder de veto? ¿O se trató de un levantamiento “acordado” entre todas las alas de la burocracia para apurar las negociaciones con la nueva gestión?

Es difícil saber cuánto pesaron esos motivos que ensayaron algunos analistas. Pero habría que tener en cuenta otros.

Entre ellos, una nueva muestra de la puja sindical que busca definir qué dirigentes serán los interlocutores privilegiados de Macri y su gobierno. Moyano siente que cuenta con ventaja por su adhesión electoral y su poder de fuego. Los gordos e independientes cuentan con sindicatos de peso y quieren un lugar privilegiado. Y encima la CATT, que reúne a los poderosos gremios del transporte, quiere empezar a cobrar sus atributos.

Contrastes

Hay un último elemento que ayuda a entender el fracaso de la primera reunión de la CGT y el gobierno nacional.

En las últimas semanas Macri ha comenzado a aplicar su política económica a decretazo limpio. Millones para los empresarios, banqueros y terratenientes; hambre y palos para el pueblo trabajador. Los casos de Cresta Roja y Siderca, que citaba el documento sindical, son parte de estas primeras semanas furiosas del “cambio”.

La CGT, rápida para el documento y la foto, no ha movido un dedo desde el inicio del ajuste.

En las vísperas de la reunión fracasada vivimos una jornada de lucha que se inició con los piquetes y la represión en Cresta Roja, y terminó con la primera acción unitaria contra el ajuste. Desde las ventanas de la sala que quedaría vacía se podía ver la Plaza de Mayo ocupada por el sindicalismo combativo y la izquierda, levantando reclamos que la CGT deja para el papel.

Quizá el contraste de hombres sonrientes y sin soluciones, mientras afuera surgen las primeras protestas y represiones, pero también las primeras desilusiones de algunos trabajadores que esperaban un "cambio", no era la mejor imagen.

El sindicalismo combativo y la izquierda, mientras avanzan en la coordinación y el apoyo a las luchas, rechazan cualquier pacto social y exigen a las centrales sindicales que dejen las tranzas de pasillo. Que rompan con la tregua y convoquen a un plan de lucha contra los aumentos de precios, en defensa del salario y los puestos de trabajo.







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