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Red Internacional

Elecciones 2022. ¿Quién es Giorgia Meloni, la mujer que llevó a la extrema derecha a gobernar Italia?

La líder ultraderechista del partido Hermanos de Italia, el partido más votado en las elecciones del pasado domingo, ocupará la presidencia del Gobierno de derecha, coaligada con Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, tras lograr una gran mayoría. Es la primera vez en la historia de Italia que una mujer ocupa este cargo.

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Lunes 26 de septiembre | 10:28

Este domingo 25 hubo elecciones en Italia para renovar el parlamento: 400 miembros de la Cámara de Diputados y 200 miembros del Senado. Finalmente la coalición de la derecha, formada por Hermanos de Italia (FdI), Liga y Forza Italia (FI), se impuso en las elecciones generales con el 44,1 % de los votos. El partido de Giorgia Meloni es el más votado con el 26,2 %.

Giorgia Meloni, la líder del partido Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia), y principal figura emergente de la ultraderecha en el último período italiano. A los 15 años se unió al "Frente de la Juventud" del partido Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por los últimos fascistas. Más tarde, dirigió la asociación estudiantil del sucesor del MSI, la Alianza Nacional y fue elegida para la Cámara de Diputados del Parlamento italiano en 2006.

El asecenso fue meteórico. En 2008 se convirtió en la ministra más joven de Italia. A los 31 años, asumió la cartera de Juventud en el Gobierno de Silvio Berlusconi. En 2012, Meloni fundó el partido Hermanos de Italia, que empezó a presidir dos años después. En 2018 su partido apenas superó el 4% ¿Cómo se explica el crecimiento en estos años?

Una explicación puede ser el intento de Meloni para que en su partido no se hicieran más declaraciones extremas, ninguna referencia al fascismo y, sobre todo, no utilizaran el "saludo romano", que es similar al "saludo nazi", con el brazo derecho extendido. El partido debía ser dirigido hacia la "centro-derecha".

También una campaña electoral con el lema populista "¡Primero Italia y los italianos!". Exige más prestaciones familiares, menos burocracia europea, impuestos bajos y un alto a la inmigración.

En esto comparte discurso con el otro líder de la extrema derecha, Mateo Salvini; aunque este último habla mucho más abiertamente sobre romper con los mandatos de la Unión Europea e incluso habló contra las sanciones a Rusia.

Tambien en este tiempo ha trascendido las fronteras como simpatizante de otros partidos con similares características como el ultranacionalista húngaro Viktor Orban o presidiendo el Partido de los Conservadores y Reformistas Europeos, el de la española Vox.

Hace unos meses, Meloni participaba en un acto de la formación ultraderechista española VOX, en Andalucía, donde afirmaba que el “verdadero objetivo de la ideología de género no es la lucha contra la discriminación” sino “la desaparición de la mujer y el fin de la maternidad”. Como parte de su discurso racista, señalaba que los “extranjeros” son muchas veces responsables de la violencia contra las mujeres, y que los migrantes perjudican a los trabajadores italianos porque compiten con ellos por el empleo. Además, se pronunciaba contra el “fundamentalismo verde” de Greta Thunberg, que lleva a “perder miles de puestos de trabajo”.

Meloni también dijo en ese discurso: "Sí a la familia natural, no a los lobbys LGBT; sí a la identidad sexual; no a la ideología de género; sí a la cultura de la vida; no al abismo de la muerte; sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista; sí a las fronteras seguras, no a la inmigración masiva".

Pero de fondo aparecen como expresión de la crisis de los partidos tradicionales italianos que durante los últimos años aplicaron los planes de austeridad impuestos por la Comisión Europea y el FMI.

La deuda italiana no paró de crecer, llegando a más del 150% de su PBI, y la respuesta siempre fue ajustar. Un ejemplo fue el último primer ministro, Mario Draghi, que antes fue presidente del Banco Central Europeo.

Estos años de empeoramiento en las condiciones de vida, algo que expresó brutalmente la pandemia, y la ausencia de respuesta de las direcciones sindicales para defender los derechos de los trabajadores, explican que la derecha pueda capitalizar la bronca.


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