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Red Internacional

Educación. Tucumán es la primera provincia en implementar una hora más en las escuelas primarias

Tras la firma de un convenio con Nación, se implementará tras el receso invernal. Una medida sin consulta a los docentes que no mejora las condiciones de aprendizaje

Viernes 24 de junio | 08:15

Esta tarde Alberto Fernández y el gobernador Osvaldo Jaldo firmaron un convenio para que Tucumán sea la primera provincia en aumentar una hora a la jornada en las escuelas primarias. De la firma del convenio también participaron el ministro de Educación Jaime Perczyk y el jefe de Gabinete Juan Manzur.

La medida fue presentada por Perczyk en el Consejo Federal de Educación realizado en abril, con un consenso de la mayoría de los ministerios de Educación provinciales para su implementación. En Tucumán la medida será llevada adelante en dos etapas tras el receso invernal. 312 establecimientos implementarán la hora extra desde el 25 de julio, abarcando a 113.900 estudiantes, mientras que otros 318 establecimientos lo harán al iniciar el tercer trimestre el 12 de septiembre, comprendiendo a 25.400 estudiantes.

Demagogia para tapar la situación en las escuelas

¿A levantarse una hora antes? ¿A reorganizar la familia, los trabajos y la rutina de los hogares? ¿Y los docentes con doble jornada? Son las primeras preguntas que surgieron tras el anuncio de la medida impulsada por Perczyk, decisión tomada por un puñado de funcionarios y a espaldas de toda la comunidad educativa. El aumento de una hora de clases fue defendida como un “cambio cualitativo” para “reforzar los aprendizajes”, bajo un criterio demagogo de ‘mientras más, mejor’. Un criterio engañoso que no tiene una eficacia pedagógica comprobada, ya que inclusive no es solo una cuestión de ‘calidad, no cantidad’ sino también de las condiciones generales para la enseñanza y el aprendizaje.

La implementación de una hora extra en las escuelas según los funcionarios es una respuesta a los problemas en la comprensión lectora, la escritura y las matemáticas, en un contexto de pospandemia. Pero la medida está por fuera de un debate serio -que incluye a la docencia y las familias- sobre la deserción masiva, las condiciones vulnerables de los y las estudiantes, las consecuencias de casi dos años de pandemia sin inversión mientras se priorizan los pagos de la deuda al FMI.

Pero además también subyace un sentido común que se instala desde los sectores derechistas para responsabilizar a las y los docentes como únicos factores cuando la pobreza infantil afecta a más del 50% de los niños y niñas. Esto no es un mero dato estadístico sino que habla de mala alimentación, hogares con privaciones de todo tipo sin acceso a la salud y, también, a la educación.

Pero además de los hogares pobres, las escuelas tienen problemas en la infraestructura y la docencia se encuentra con dos o tres cargos para poder complementar el equivalente a un salario que alcance. Esta nueva sobrecarga es un peso para largas jornadas -incluyendo el traslado, las planificaciones- que aunque se naturalizan son, de mínima, antipedagógicas. Ni por asomo se asume ampliar el número de docentes pese a que hay miles de docentes desocupados. Por el contrario, también se atacan los programas para la finalización de los estudios como el plan Fines.

Resolver agregar una hora más de clase sin discutir ni las becas, ni los refuerzos alimentarios, ni los materiales pedagógicos, ni la situación de infraestructura y la docencia, es poner un parche. David Toledo, quien se sostiene al frente de ATEP luego de un fraude electoral, anticipó su apoyo a la extensión de la jornada remunerada. Frente a esto desde la docencia debe discutirse y organizarse junto a las familias la pelea para que realmente se garantice la educación.

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