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Red Internacional

Universidad. UNGS: Becas integrales y jornada laboral de seis horas para poder estudiar y vivir

Estudiar en la universidad hoy se torna cada vez más un privilegio: jornadas laborales interminables, salarios pulverizados, becas restrictivas e insuficientes, cupos, falta de aulas, y un sinfín más de escollos en el tránsito académico. El Puente y el FUNyP, la conducción del CEUNGS, son el gobierno en la universidad. Necesitamos centros de estudiantes y consejeros independientes, que estén a la altura de enfrentar la actual crisis educativa.

Agustina BantsEstudiante y Representante Estudiantil de Lic. en Comunicación (UNGS)

Domingo 10 de abril | Edición del día

Hace apenas unas semanas se aprobó el acuerdo con el FMI, el Frente de Todxs y Juntos pactaron en el Congreso legalizar la deuda fraudulenta de Macri. Este acuerdo representa una profundización del ajuste que padecemos las y los trabajadores, en un país donde ya el 37% de la sociedad se encuentra en la pobreza. Las universidades públicas del conurbano no son una burbuja. Durante estos dos años también se recortó el presupuesto educativo un 18%. Esto tiene un fuerte impacto sobre las condiciones de la educación y, combinado con el ajuste general, sobre la permanencia y el acceso de los trabajadores a la universidad.

En la UNGS, tras la ya estrecha oferta académica, persisten los cupos por materia implementados en medio la virtualidad. Además, muchos estudiantes tienen que ir a cursar a escuelas y hacinados en las oficinas de la universidad por los evidentes problemas de infraestructura que fueron desatendidos durante la pandemia, producto del recorte presupuestario votado en el Consejo Superior de la universidad en sintonía con el ajuste del gobierno. Todas estas trabas por parte de la gestión universitaria se suman a las críticas condiciones de vida de los estudiantes. Muchos van a cursar con apenas unos mates en el estómago, o llegan a las aulas rotos de los laburos que son cada vez más extenuantes, o se queman los ojos leyendo frente a la pantalla. Ni hablar de quienes son madres y tienen que hacer malabares para encontrar un tiempo libre para estudiar.

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Trabajar menos, trabajar todes…

El oficialismo y la oposición de derecha, que se desviven por complacer al Fondo, debaten de qué manera exprimir a la juventud hasta sacarle la última gota de sudor y sus derechos para pagar billete por billete la deuda externa fraudulenta. Esto quedó evidenciado en los nuevos datos que publicó el INDEC: mientras que la desocupación bajó a un 7%, la pobreza está en un 37%. En 2017, con el mismo nivel de desempleo, había 6 millones de pobres menos que hoy. Es decir que una gran masa de trabajadores entró en la pobreza, producto del avance de la flexibilización laboral. Esta situación afecta principalmente a les más jóvenes, puesto que un 70% de la juventud tiene trabajos precarios, lo que implica condiciones de vida más deplorables.

Frente a esta ofensiva, el movimiento estudiantil y la juventud en su conjunto tiene por delante una enorme pelea por su futuro, para no seguir viviendo esta miseria que nos quieren hacer naturalizar, donde no podemos proyectar alquilar o sostener una carrera; donde nuestros compañerxs dejan la vida pedaleando por unos mangos para comer; donde 1 de cada 2 niñes son pobres y tienen que salir a romperse el lomo para comer en vez de estar estudiando. No nos podemos resignar a vivir así, al contrario, tenemos que aspirar a conquistar más tiempo libre para poder estudiar, para disfrutar del descanso, la ciencia, el arte, la cultura, la vida social; tiempo para dar vía libre a la creatividad, para vivir nuestros propios sueños y dejar de ver cómo la vida pasa mientras enriquecemos los bolsillos de los ricos.

Esta generación tiene el desafío de retomar el hilo histórico de las heroicas luchas que ha dado la clase obrera por la reducción de la jornada laboral. Desde la implementación de las 8 horas de trabajo en 1929, hace casi un siglo, el avance de la ciencia y la técnica aplicado a la producción fue extraordinario. Esto sienta las bases materiales para reducir la jornada laboral progresivamente, empezando por las 6 horas, 5 días a la semana con un salario igual a la canasta familiar, repartiendo las horas de trabajo, para trabajar todos y trabajar menos.

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Esta propuesta de Nicolás del Caño y Myriam Bregman, es la única salida realista para que los jóvenes no sigamos pagando con nuestras condiciones de vida la sed de ganancias de los empresarios. Si se implementara, se podría aliviar a quienes trabajan hasta el agotamiento para cobrar un sueldo de miseria que hoy con la alta inflación no alcanza para nada, y crear nuevos puestos laborales para quienes están desocupados. Esto implica atacar la ganancia de la clase capitalista que utiliza ese avance técnico y descubrimientos para engrosar sus márgenes de ganancia, lanzando al hambre y la desocupación a una gran cantidad de trabajadores y superexplotando a quienes se quedan con su puesto.

Luchemos por universidades para lxs trabajadorxs y sus hijxs

Este debate está intrínsecamente ligado con el tipo de universidad pública que queremos: si una universidad que, como está sucediendo actualmente, se elitiza cada vez más y expulsa a grandes franjas de trabajadores que por la precarización, flexibilización laboral y desempleo ya no tiene tiempo o dinero para permanecer en las cursadas; o una universidad que sea realmente inclusiva, que haga de la educación un derecho y no un privilegio.

En este sentido, es igual de importante la pelea por acceder a los recursos materiales para costear nuestras carreras. Si bien hoy el Estado cuenta con algunos acotados planes de becas de estudio para el nivel superior, estas son absolutamente restrictivas, ya que exigen el cumplimiento de una serie de requisitos para poder acceder a ellas, no sin pasar por engorrosos trámites previamente. Por eso, es necesario que se implemente un plan integral de becas a las que puedan acceder todos los estudiantes, y que otorguen un ingreso no inferior a la mitad de lo que vale hoy una canasta básica.

Conquistar la jornada laboral de 6 horas y becas integrales para todos y todas es posible si ponemos en pie la enorme fuerza del movimiento estudiantil, que ha conseguido derechos elementales a lo largo de la historia, como el boleto educativo, los jardines maternales, etc. Para esto, necesitamos pelear por un modelo de centro de estudiantes que se ponga a la cabeza de organizar al movimiento estudiantil junto a la clase trabajadora en perspectiva de los grandes desafíos que tenemos por delante.

El Puente y el FUNYP, presidencia del CEUNGS, ya demostraron que su modelo no es ese, sino el de un centro de estudiantes que administra el ajuste en la educación que lleva adelante el gobierno del que son parte. Desde el Frente de Estudiantes de Izquierda, queremos pelear por un CEUNGS que esté a la altura de los desafíos que tenemos los estudiantes en este momento.




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