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La Izquierda Diario
19 de octubre de 2019 Twitter Faceboock

TOMAR LAS CALLES
Chile marca el camino: así se enfrentan los ajustes y tarifazos
Juan Andrés Gallardo | @juanagallardo1

Chile es el último de los países que se levantó contra los ajustes y tarifazos del Gobierno. Tan solo unos días antes, Ecuador se puso de pie para frenar el paquetazo del FMI. Así se lucha contra los ataques de los Gobiernos, los empresarios y los especuladores.

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En solo cuatro días los estudiantes chilenos convirtieron la consigna "evasión masiva" en una verdadera rebelión para saltar los molinetes y no pagar el boleto del metro, que aumentó hace dos semanas. Primero fueron unos cientos, que a los pocos días se convirtieron en miles. El debilitado Gobierno de Piñera mandó a los Carabineros (Policía) a custodiar las estaciones, y el viernes decretó el estado de emergencia, después de haber descargado una represión brutal contra los estudiantes y pobladores que se manifestaban en las calles. Este sábado Santiago de Chile amaneció militarizada, pero se escuchan cacerolazos en todos los barrios, mientras que se preparan marchas y paros para el lunes.

Desde el jueves la situación se había tornado incontrolable para el Gobierno. Las imágenes de jóvenes tirando abajo las puertas del metro, saltando los molinetes, y exigiendo la derogación del aumento, que convirtió al pasaje en uno de los más caros de latinoamérica (unos 70 pesos argentinos), se viralizó en las redes y ganó simpatía entre todos los trabajadores y trabajadoras y el pueblo chileno.

No es la primera vez que los estudiantes irrumpen en la escena política nacional. Ya lo hicieron en forma masiva en 2006 y 2011, para reclamar la gratuidad de la educación, algo que choca de frente con la herencia privatizadora que dejó el pinochetismo, y fue avalada por todos los Gobiernos.

El reclamo actual contra el aumento del boleto encontró un apoyo inmediato en amplios sectores sociales porque el nivel de precarización laboral aumentó en los últimos años y casi la mitad de la población gana el salario mínimo, con el cuál se debe destinar al menos el 15% del sueldo para pagar el transporte.

Es por esto que el reclamo de los estudiantes se convirtió en una causa sentida por toda la población, y que se suma a otros reclamos históricos y recientes como el del fin del robo de las empresas de jubilación privada (AFP), el acceso efectivo a la educación gratuita, o la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales (un proyecto reciente que tiene gran apoyo popular, pero al que se oponen Piñera y los empresarios).

El apoyo hacia los estudiantes, como el rechazo a la represión y al estado de emergencia, con el que el Gobierno sacó a los militares a las calles por primera vez desde el pinochetismo, generó un odio que se expresó en manifestaciones callejeras el viernes por la noche y un cacerolazo masivo que volvió a sonar con fuerza este sábado en todos los barrios de Santiago.

Durante el fin de semana están realizando reuniones con sindicatos y organizaciones estudiantiles para preparar paros y acciones para el lunes, que empiecen con la demanda de poner fin al estado de emergencia y a la represión, pero con el objetivo de tirar abajo el aumento del transporte.

El ejemplo de lucha de los estudiantes y el pueblo de Chile es muy valioso como ejemplo de cómo enfrentar los ajustes, tarifazos y ataques que cada vez hunden más en la miseria y en la precarización laboral a millones de personas alrededor del mundo. No es el único ejemplo.

Hace tan solo una semana veíamos como tras doce días de movilizaciones, barricadas y una brutal represión con muertos, heridos y encarcelados, el pueblo ecuatoriano lograba torcerle el brazo al Gobierno para que derogue el paquetazo del FMI. Si bien las direcciones indígenas, que hegemonizaron el proceso, nuenca plantearon la caída de Moreno, y cuando ese reclamo se empezó a escuchar fuerte en las calles aceptaron la mesa de negociación, las jornadas de lucha que vivió Ecuador muestran de qué manera se le puede parar la mano al FMI.

Las movilizaciones contra los ajustes del FMI o contra los paquetazos que benefician a los especuladores y empresarios, al mismo tiempo que empobrecen a los trabajadores, trabajadoras, en particular a los más jóvenes y a las mujeres, se repiten en todo el mundo. Tan solo este año vimos la lucha de los Chalecos Amarillos en Francia contra el aumento del combustible, en Sudan, Egipto, Haití, o Costa Rica contra la miseria que generan los planes del FMI, en Irak contra las condiciones de vida ruinosas en la que vive la juventud después de años de ocupación imperialista, en Líbano contra un impuesto a los audios de WhatsApp, o en Puerto Rico contra la precarización de la vida, siendo ciudadanos de segunda como Estado libre asociado de Estados Unidos.

A estas luchas se suman el poderoso movimiento de mujeres, que irrumpió con fuerza en todo el mundo por sus derechos, y las multitudinarias marchas globales contra la crisis climática, que pelean entre otras cosas contra el fracking, la megaminería o los agrotóxicos.

Al igual que la lucha de los estudiantes y el pueblo chileno, muchos de estos procesos muestran de qué manera y porqué es necesario pelear para acabar con los ataques que sufren la juventud, las mujeres y la clase trabajadora, como así también los pobres de la ciudad y el campo.

En medio de este escenario, Argentina se dirige hacia una renegociación con el FMI de la deuda más alta que el organismo haya otorgado a algún país en toda su historia. Lo hace en medio de índices de inflación, pobreza y bajo crecimiento que son récord, y además con una megadevaluación que ha venido licuando los sueldos de los trabajadores hasta ubicar el salario medio entre uno de los más bajos del subcontinente.

El candidato del Frente de Todos, Alberto Fernandez, que se apresta a llevar adelante esa negociación bajo las exigencias del FMI, ya dejó en claro su consejo de que los manifestantes salgan de las calles. Al mismo tiempo que está buscando cerrar un pacto social con las direcciones sindicales traidoras junto a los empresarios, para congelar los salarios y evitar las huelgas durante al menos 180 días. Como lo hizo directamente, pidiendo a los trabajadores de Aerolineas que no hagan un paro, su objetivo es evitar que la gente salga a la calle mientras que pasa el ajuste que pide el FMI.

El ejemplo de Chile, y del resto de los países muestra todo lo contrario. Para evitar que nuestras condiciones de vida sean aún más precarias, y para derrotar el paquetazo del FMI y del próximo Gobierno, que se viene en Argentina, los trabajadores ocupados y desocupados, los jóvenes, las mujeres, los estudiantes, deben salir a las calles y seguir el camino de los estudiantes y el pueblo chileno. Ese es el camino de lucha que debería seguir la clase trabajadora de toda América Latina, que con su enorme fuerza social podría desarticular los ataques que se están tratando de pasar en toda la región.

 
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