Géneros y Sexualidades

PARIDAD

Nuevo gabinete: ¿juntes a la par?

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Después de varios adelantos y especulaciones, se conoció el gabinete del nuevo gobierno de Alberto Fernández. Pocas sorpresas y pocas mujeres. ¿Alcanza con la paridad?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 6 de diciembre de 2019 | 23:20

Foto Télam

El viernes se conocieron los nombres al frente de los ministerios del nuevo gobierno que asumirá el 10 de diciembre. Entre las PASO y las elecciones generales, Alberto Fernández había dicho, "Me gustaría conformar un gabinete paritario". Atento a los gestos políticos a uno de los movimientos sociales con más presencia en los últimos años, el movimiento de mujeres, Fernández hizo anuncios sobre paridad así como sobre los reclamos de las mujeres en general, especialmente sobre el aborto legal.

Los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri estuvieron marcados por el ajuste y las políticas neoliberales y también por ministerios y secretarías casi exclusivamente masculinos. Era una crítica justa señalar la ausencia de las mujeres en los lugares de decisión, acompañadas por las críticas a sus políticas. Lo era y lo es porque la subrepresentación de la mitad de la población es una de las tantas expresiones de la opresión de género en una sociedad en la que se multiplican las desigualdades.

Las expectativas de un gabinete paritario junto con la vigencia del reclamo de la legalización del aborto estuvieron presentes desde la victorial electoral del 27 de octubre. El repudio en las urnas al gobierno de Macri y sus políticas económicas (acompañadas en muchos casos por el PJ de los gobernadores) volvió a expresarse cuando se conoció la derogación del protocolo de aborto no punible a días de dejar la Casa Rosada.

Novedades algo viejas

La proclama de la paridad ya se había visto trunca en la reunión de jefes de bloque en la Cámara de Diputados, exclusivamente masculina. Graciela Camaño, de Consenso Federal, excompañera de Sergio Massa en el Frente Renovador, fue una de las primeras en mencionar la ausencia de mujeres pero no la única. Las críticas vinieron incluso de parte de referentes del espacio del Frente de Todos, como la sindicalista Estela Díaz y la exdiputada nacional Mara Brawer. “Aunque la ley de paridad se aplicó por primera vez en las elecciones de este año, el miércoles ingresaron al Congreso Nacional 78 varones (que representan al 60% de la Cámara de Diputados) y 52 mujeres (que representan al 40%)”, señálabamos en La Izquierda Diario.

El nuevo gabinete volvió a dejar truncas las expectativas. Aunque el anuncio incluyó varias segundas líneas con el objetivo de resaltar nombres femeninos, como Adriana Puiggrós como viceministra de Educación, nombramientos como el de Victoria Tolosa Paz (Consejo Contra el Hambre) o al frente de empresas estatales como Malena Galmarini (AYSA), solo 4 mujeres encabezarán ministerios (Justicia, Seguridad, Hábitat y Mujer, Género y Diversidad).

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Es cierto que el gabinete saliente no dejó la vara alta pero, ¿podemos aceptar un techo tan bajo? También es cierto que no existe ninguna garantía “de género” en las políticas aplicadas por ministerios encabezados por mujeres, para muestra basta Patricia Bullrich, exministra de Seguridad, autora de las políticas siniestras como la “doctrina Chocobar” y la impunidad para las fuerzas represivas. No faltarán tampoco los políticos, como el gobernador de Chaco Jorge Capitanich (Frente de Todos), que utilizan la paridad (conformó un gabinete mayoritariamente femenino) para limpiar su imagen. No hace falta recordar que Capitanich es uno de los principales militantes contra el derecho al aborto legal y reforzó sus alianzas con las cúpulas eclesiásticas. Pero esa utilización cínica no puede significar relegar las críticas justas a la subrepresentación de las mujeres, más cuando se trata de gobiernos que usan la retórica de la igualdad y anuncian un cambio en las políticas económicas y sociales.

La sola presencia de mujeres no representa mejoras en las condiciones de vida de la mayoría de nosotras. Lo confirman años de gobiernos dirigidos por presidentas y primeras ministras o congresos y parlamentos con creciente participación femenina, que siguen funcionando como garantía de los intereses de una minoría de millonarios y empresarios. En Argentina lo vimos en la votación de la reforma previsional en diciembre de 2017, cuando muchas diputadas y senadoras votaron una medida que afecta mayoritariamente a las mujeres. Durante la votación del aborto legal en 2018, el género no significó apoyo automático de los derechos de las mujeres. Las conquistas siguen siendo producto de las lucha en las calles, como lo fueron históricamente, y no regalo de ningún gobierno. Sin embargo, esto no puede traducirse en aceptar el estatus de “ciudadanas de segunda”, naturalizado en la política de las democracias capitalistas.

El movimiento de mujeres de Argentina cuestionó con su movilización las violencias naturalizadas, los debates silenciados y las ausencias justificadas con meritocracia. No es momento de bajar la voz ni de regalar nuestras banderas ni a los quieren usar nuestros derechos como piezas de cambio ni a los que quieran usar el discurso de la igualdad para defender una democracia donde unos son más iguales que otres.





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